lunes, 3 de octubre de 2011

"Mamá, la dependienta me mira mal"

Estoy convencidísima que no soy la única a la que el o la dependiente de turno mira mal. Ejemplo: vas a cualquier tienda -hoy tocaba de fotografía-, entras y dices: "Hola", acompañada de una tímida sonrisa. ¿Respuesta de la 'pedorra' del Reino: .... ¡Ninguna! "Empezamos mal", pienso por mis adentros.

Está atendiendo a una pareja bastante tiquismiquis. Pero, oye, el cliente siempre tiene la razón. La 'bella' dependienta se mueve de un lado a otro de la tienda con delirios de grandeza como el título del disco de la siempre genial Alaska -Fangoria-. La chica además de tener una belleza difícil de mirar es bajita, remilgada y lo peor de todo (sí, señores) está tonteando con un tercer cliente salido de la granja más cercana de la comarca. "Ja ja ja ja", qué risa más fea tiene la tipaja ésta.

Llega mi turno. O eso creo yo. La dependienta, aun llevando gafas de culo de vaso, no sabe que estoy allí y atiende al granjero fotógrafo amateur. Ya después de veinte interminables minutos -me sirven para analizar al detalle el comportamiento de algunos seres humanos- le dice al chaval que va a atender a la "chica". ¿Perdona? A lo mejor estoy casada y con dos hijos, como algunas de mi edad. Con lo monísima que voy vestida con mi gabardina y mi mega pañuelo de leopardo... "Venía a recoger dos CD", le digo. "¿Cedéeeeeeeeeeeeeeeeees?", me contesta acompañada de una expresión que afea aun más su rostro. Sí, es posible. "Uy, perdón, unos DVD convertidos de unos VHS", vuelvo a sonreír.

Hago un inciso porque creo que es bastante importante para entender este texto. Las tres cosas que más me pueden molestar del mundo son:

1º.- Que no me saluden cuando yo lo he hecho. Es peor que si me insultaran.

2º.- Que me atiendan mal.

3º.- Que lean mal mi apellido.

Acto seguido, la 'bella dependienta' cumple el tercer punto. Y antes de que pronuncie la última letra de mi apellido, en voz alta, clara y vocalizando, le corto la palabra y lo digo. "Ah, sí...", otra vez, cara de pedorra hipergaláctica.

Me cobra y me voy; eso sí, le demuestro mi educación: "Hasta luego, gracias".

Una vez, yendo con un amigo mexicano a una tienda de vinos, él preguntó que si tenían no sé cuál. La negativa fue borde, seca, maleducada... "Muy amables", les dijo mi amigo. Al salir de allí le pregunté por qué les había dicho eso. "Para demostrarles que yo sí soy amable y tengo modales". ¡Me encantó! De hecho, esa fórmula la intento aplicar siempre que puedo.

Hablemos ahora de las tiendas de ropa. Las amables dependientas suelen pasar bastante de las clientas. Reconozco que también hay compradoras para echarlas de comer aparte. Pero si en tu caso eres de las mías, el mosqueo que te pillas con el trato de las de la tienda es monumental.

Si vas a la sección de hombres, -también es cierto que los varones son más manipulables a la hora de comprar, y un pelín más amables ya que ellos van de Pascuas a Ramos a comprar- te atiende con más amabilidad y PROFESIONALIDAD.

A veces pienso que en los establecimientos familiares si la persona que te atiende es un grosero, ¿por qué carajo tiene ese negocio? Estás más que tentado a decirles: "Se me quitan las ganas de comprarles algo. Porque necesito este producto, que si no...".

¿Qué es lo que se supone que debemos hacer para ser tratados bien en una tienda? Mira que siempre empleo las palabras: 'por favor', 'perdona', 'muchas gracias'... y como si les molestara que mi dinero llegue a ser parte de su sueldo. ¡Richard Gere! ¡Richard Gere! ¿Dónde estás cuando se te necesita? ¡Soy tu Julia Roberts! ¡Defiédeme de estas arpías!

Vivo en una muy buena zona de Madrid, 'La milla de Oro', la llaman. Pues el caso es que en las tiendas de lujo el personal de esas tiendas de marca carísimas miran con desprecio al cliente. ¡Excusez-moi por comprar! ¡¡¡¡Aggggg!!! ¡Me hierve la sangre!

En otra ocasión, fui con mi santa madre a El Corte Inglés a comprar ropa interior. Preguntamos a una peripuesta trabajadora que si tenían otra talla. "Ésta no es mi sección", nos dijo. "Ah, perdón", contestamos. Ojito... que ahora viene lo guachi piruli. Su sección, también de ropa interior, estaba en el mueble contiguo a la caja. Llegó otra compradora y le preguntó lo mismo. Adivinen la respuesta. La pobre estaba muy estresada colocando sujetadores uno a uno mientras el teléfono sonaba y sonaba. Hasta tres veces y con diez tonos de llamada cada uno. Los sujetadores requieren su tiempo y cuidado, como las hortalizas. ¬¬ .Por lo visto, la chica que nos debía antender estaba ocupada -y era verdad- en ir al almacén a coger no sé qué. Aparece sonriendo la joven y nos atiende rápidamente tanto a mi madre como a la otra cliente. A la hora de pagar, ambas le dicen: "Qué amable eres. Así da gusto, en cambio tu compañera...". Y la peripuesta escuchándolo todo bien clarito ya que lo dijeron bien alto.

Lanzo una pregunta al aire: ¿para cuándo dependientas vocacionales/simpáticas?

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