lunes, 3 de octubre de 2011

La solidaridad bien entendida

El ser humano es un ser sociable, zon politicón, como apuntaba Aristóteles. Nace, vive y muere en comunidad; rodeado de gente.

En los momentos más duros que ha vivido la humanidad han aparecido pequeños-grandes gestos. Algunos fotógrafos intrépidos enviados a alguna guerra han sabido captar ese instante vibrante que ha dado la vuelta al mundo.

Hoy en día, mediante la e-información, en tiempo real se reciben en las redacciones de todo el Globo cientos, miles de noticias, de hechos curiosos, de gestos que engrandecen el alma y que nos hacen sentir… bien o mal.

La web social por excelencia, Facebook, acoge, además de grupos curiosos, graciosos o absurdos unos cuantos que son reclamos. Pero no publicitarios; sino de ayuda, de auxilio.

Hace un mes, en todos los medios saltaba la noticia de Laura, una hermosa niña madrileña de tres años, que necesitaba dinero para viajar a Estados Unidos, para que diagnosticaran su enfermedad ‘rara’: Anemia Sideroblástica Hereditaria. Sólo el tratamiento cuesta entre 400.000 y 800.000 €. Un aluvión de mensajes solidarios, en el grupo creado en el Facebook. Muchos anónimos que aportaron su granito de arena consiguieron que hoy Laura ya esté en la Clínica Mayo de Minessota.

Ayer mismo me ‘gustó’ la agrupación llamada ‘El diario de Pedro’. El 18 de abril de 2010 nació un precioso niño en Galicia con una mancha color vino en la parte derecha de su rostro. Diagnóstico: tiene el síndrome de Sturge Weber. Otra enfermedad ‘rara’. Es un síndrome hereditario caracterizado por la existencia de nódulos, a modo de tumores benignos en los ojos, la piel y el cerebro. La semana que viene le van a operar del ojo derecho, tiene glaucoma. Su padre escribe un blog con la historia de su pequeño, de su bautismo, del síndrome que tiene…

Hoy, en EL MUNDO, en la sección de Sociedad, destacan con el titular “Los días eternos de María”, la historia de una auténtica madre coraje. Tiene dos hijos. Los dos enfermos. La mayor, Mónica, tiene 26 años; microcefalia y artrogriposis. El otro, Alfonso, encadena tumor tras tumor desde los diez años. Ahora tiene 22. María no puede trabajar porque debe cuidar de su mayor; y su marido Dionisio está en paro. Sobreviven con 800 € y alguna aportación desinteresada de gente de la calle, anónimos.

Podría enumerar más historias reales, más testimonios… Pero no. Sólo voy a hacer un llamamiento a todos los que se quejan de su ‘vida triste’ y no ven lo que hay realmente a nuestro alrededor. No en otros países tercermundistas, no. Aquí, en nuestras ciudades, a pocos metros de nosotros, nos encontramos con ejemplos de lucha, de coraje, de rabia, de vida.

Haced la prueba: clickear la palabra ‘solidaridad’ en Google, en Imágenes. ¿Qué aparece? Manos, manos entrelazadas. Gente de diferente raza, abrazándose, tocándose. ¿No es mejor que empecemos a querernos entre nosotros y a dejar de pensar únicamente en que somos el eje del mundo? Somos sólo una millonésima parte. Colaboremos, escuchemos, sintamos y disfrutemos. Somos unos afortunados aunque no nos queramos dar cuenta. La felicidad no se trata en lograr un objetivo concreto en la vida; sino de alegrarse por cada pequeña cosa que nos pasa en el día a día.

¡Qué harta estoy del ‘yo-me-mí-conmigo’!

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