Todos los veranos, sin excepción, al ir de compras me viene a la mente la idea de “¿por qué no me compro este vestido blanco ibicenco?”. Una vez en el probador, las dudas se despejan rápidamente por varias razones:
1.- Soy –no estoy, ojo- más blanca que el vestido. ¡Gracias, Nicole Kidman por poner de moda la piel lechosa! No aspiro ni aspiraré nunca a ponerme morena.
2.- El corte del mismo no sienta bien a todo el mundo.
3.- Teniendo en cuenta la polución de mi querido y adorado Madrid, al final de la jornada la prenda acaba de color negro.
Pero es que no hay manera. De verdad, todos los años me encuentro con el mismo dilema y con el mismo desenlace. No me lo compro. Opto por otros colores más vivos y con formas más favorecedoras.
Capítulo sobre el calzado.
Sandalias. Bien. En principio, se cae en el error de que “con un par” te apañas para la época estival. No. Recuerdo que en verano nos atrevemos más a vestir con colores que el invierno nos impide utilizar. Como mínimo… cuatro pares con los colores combinables: marrón, negro, blanco (en botas no, por Dios, que no es súper hortera, es lo siguiente) y azul o rojo. Por favor, de cuero, porque si nos las compramos de plástico nuestros pies arden, sudan y esto puede conllevar a la consulta de un podólogo por diversos hongos.
Las sandalias con pulsera me parecen preciosas pero mis geniales tobillos no dejan que se cierre con normalidad. Espero no ser la única.
¿Con tacón? ¿Al ras del suelo? Esto, al gusto del consumidor. Desde hace tres años se impusieron las espartanas y siguen de moda, por algo será. Son cómodas, bonitas… Y también las hechas en países árabes. Aunque este calzado esté dos semanas apestando a vaca. Igual que el bolso comprado en la misma tienda.
Hace dos años vi a varias chicas llevando botas de cowboy… ¿Y en invierno qué se pondrán? Qué calor.
Este verano, se llevan las pseudo botas-sandalias. Se ven los dedos de los pies, parte del talón pero una tela semi-gruesa tapa los tobillos. Qué extraño invento.
Capítulo camisetas.
Hay tantas como estrellas en el firmamento. Y dependiendo de la ocasión se puede acertar o ser, con todo el derecho del mundo, criticada. Para el trabajo, aunque haya o no reglamento para la vestimenta en verano, no vayamos en tirantes, que queda mega choni. Y peor, cuando se ve el tirante o las copas directamente. Choni de extrarradio. Y si este trapito –el tamaño de la tela impide llamarlo prenda- lo conjuntamos con una mini falda, que no nos extrañe que nos tachen de choni de extrarradio poligonera un poco guarrilla.
Lo mismo, con los escotes. Sin exagerar… Ah, por cierto, la lycra en las camisetas (y en cualquier otra prenda) está más que prohibida y desaconsejada. Si ya se suda por el calor, no añadamos un extra… Y una mancha mojada bajo las axilas no es muy estético ni sensual. Momento aspersor, no. El algodón y el hilo son bienvenidos y adorados SIEMPRE.
Capítulo falda.
En este apartado hay que hacer un gran inciso referente a las edades y la forma física. Quienes tengan unos añitos respetables y hayan perdido la batalla contra la gravedad que se abstengan absolutamente a ‘des-lucir’ mini faldas. Por la integridad física y moral de ella misma y de quienes le rodean.
Las mini faldas vaqueras quedan fenomenal a las quinceañeras y veinteañeras. Apenas tienen celulitis y, qué diantres, a esa edad queda bien todo. Las que pasen de esa barrera, si no han estado todo un año en el gimnasio fortaleciendo muslos y glúteos, que ni se les pase por la cabeza ponerse una. Gracias.
Las extra-largas, vamos al caso opuesto, están incomprensiblemente siempre de moda y no importa en qué mes del año estemos. Para las descuidadas que se depilan de Pascuas a Ramos o que, simplemente tienen complejos con sus piernas; me parece una opción muy acertada. Mas si son de éstas que tienen vuelo y no se pegan mucho a los cachetes.
Capítulo pantalones.
Estamos durante nueve meses llevando pantalones largos –vaqueros, por lo general-, ¿también en verano? Pufff. El calor te invita, más que directamente, a que te pongas prendas más cortitas, o, por lo menos, más delgadas. Los pantalones de lino se llevaban a principio de la pasada década. Se arrugan sólo con mirarlos, los colores no pueden ser más llamativos y mortales, y algunos diseñadores/vendedores se empeñan en que nuestras madres o mujeres con ‘cuarenta y’ los sigan llevando, temporada, tras temporada. Stop!
Los shorts o bermudas son necesarios en verano. Pero cuidado con el largo de los mismos… Que la vida sedentaria no contribuye, generalmente, a que te queden como al maniquí anoréxico de la tienda.
Capítulo accesorios.
Es época proclive a ponerse pendientes largos, en plan hippie. Que me parece muy bien pero a ver con qué ropa los llevamos. O directamente, no se los pone una. Con eso de la piscina/playa etc. Es un incordio quitárselos para luego, por lo general, perderlos. Yo, como no puedo salir de casa sin pendientes, opto por ponerme los que menos pena me dé extraviarlos.
Pulseras. Es mi debilidad. Me fascinan las pulseras. En invierno, primavera, verano u otoño… Da igual. Te pones la trenzada de piel comprada en el puestecillo de turno. Las de nácar. La que te ha hecho tu prima pequeña. Pero siempre llevar, al menos, dos.
Las tobilleras se deben lucir, al menos un verano en la vida. Repito que con los tobillos que Dios me ha dado me ha resultado complicado encontrar una que no reventara o me gangrenara el pie.
Capítulo trajes de baño
Sólo decir que si tienes cuerpo de bikini, te lo pongas sin ningún pudor. Bien depiladita, a ser posible. Trikini, lo mismo que para el dúo; sólo si tienes percha. Traje de baño clásico: depende del caso. Los hechos para embarazada dan pena... Modistos, tomad nota.
Capítulo bolsos.
De paja, cuero, tela... Grandes, pequeños, medianos... Pero que no sean de plástico. Te duran el canto de un duro y sólo consigues sudar más.
Hacía mucho que no escribía nada. Espero que os guste
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