martes, 3 de septiembre de 2013

La generación del error

Nos enseñaron, desde que éramos pequeños, que todo se consigue con esfuerzo y tenacidad. Nos marcaron unos caminos: guardería, colegio, instituto, FP/universidad, trabajo.

Cada uno emprendió lo que más encajaba con ¿sus capacidades? Paradójicamente, también nos inculcaron -casi a fuego en la piel- que hay carreras universitarias que "tienen salidas", nada vocacionales, por otra parte. Y les creímos.

Cumplimos con los objetivos marcados; cada uno tardó lo que tardó, pero TODOS, repito, cumplimos.

También hicimos "extras": trabajitos para sacarnos unas pelas durante los estudios, aprendimos idiomas, conocimos otras culturas. Durante más de 20 años, nuestras trayectorias fueron casi intachables.

Obtuvimos los títulos de turno. Una vez colgados en la paredes de nuestros padres, quienes nos pagaron la educación, ¿qué? ¿Qué tocaba? Ah, sí... Buscar un empleo que se correspondiera con nuestra categoría profesional. ¿Cómo alguien que había obtenido una diplomatura o licenciatura podía trabajar de administrativo? Pues sí, amigos. Después de rompernos los cuernos currando como bestias como becarios, ganando una miseria de apenas tres cifras, íbamos con la cabeza gacha buscando trabajo. "No tienes suficiente experiencia", "Te falta aprender más idiomas", "Un master específico es requerido", nos decían. De acuerdo, volvamos al camino marcado por los demás. Regresamos con lo que se precisaba años después... Con más de 25 años de edad, nunca era suficiente para enfrentarnos con las "armas" al mundo laboral. Perdón, ¿qué mundo laboral? Nuestros perfiles dan mil y una vueltas a las personas que ahora son jefes y aun así, "nuestros currículos siguen sin ser suficientes".

Trabajamos de "lo que sea" para ganar un sueldo medio-decente. Nuestros niveles de frustración alcanzan cotas inimaginables y todavía así, seguimos luchando.

Los objetivos más importantes de este famoso camino son dos: trabajo y familia. Un empleo con contrato indefinido, o que por lo menos nos permita llegar a fin de mes. Formar una familia con la persona con la que vemos que podemos lograr tener un plan de futuro estable y que, además, de la que estemos enamorados. Visto así parece fácil. No lo es. No lo es... Por desgracia. Unos trabajan, otros optan por lo segundo... Incluso hay unos afortunados que tienen las dos cosas. Los "apestados" resultamos ser los que no tenemos ni una cosa ni la otra pero, vuelvo a decir, seguimos luchando.

Aspiramos a crear un mundo justo donde las mujeres y los hombres estén igual de valorados en el trabajo pero... los de la generación anterior siguen colocando los techos de cristal para que las mujeres no avancemos. Nos preguntan en las entrevistas si las mujeres estamos casadas/en relación... ¿Por curiosidad? No. Por si pensamos quedarnos embarazadas. Algunas calculan el año exacto para ser madre: "cuando consiga un contrato indefinido y me pueda coger una buena maternidad". Vemos cómo compañeras nuestras prefieren quedarse en sus casas y no ejercer NUNCA. Otras, trabajan horas extras para ganar más dinero y contratar a la "chica/babysiter" que más tiempo esté con los hijos que apenas ve.

Acudimos a cursos variopintos: unos de pago y otros de INEM; todo sea para que nuestro CV, engordado con lo que sea, pueda, de una puñetera vez, ser suficiente para que trabajemos de lo que hemos estudiado. ¿Que no resulta? Tranquilos, señores, nos "RECICLAMOS", término que está muy de moda y que, nunca se sabe, puede ayudarnos a sentirnos realizados o... ¿por qué no? A encontrar otro empleo. Luchamos, como siempre.

Como dice una gran amiga: "cuando tocas fondo sólo toca salir". Creednos que tocamos fondo mil y una vez. Y salimos otras tantas. 

Si alguna vez cometimos un error o millones, fue el de no darnos cuenta de que, cuando cumplimos con las metas que nos marcaron nuestras familias y la sociedad, nos toca idear las nuestras. Hay que procurar que éstas sean: cuantificables, medibles y tangibles. Estamos aterrados porque nadie nos guía. ¿Y? ERRARE HUMANUM EST.

viernes, 26 de julio de 2013

Perdonad@

Aprendí a perdonar en el momento en que los recuerdos dejaron de hacerme daño.
Aprendí a perdonar en cuanto reuní fuerzas para enfrentarme con mi pasado y ser consciente de que se vive el presente... Y, a veces, el futuro. Pero, sobre todo, lo primero.
Aprendí a perdonar cuando descubrí que mis heridas habían cicatrizado. Por fin.
Aprendí a perdonar cuando conocí a gente que llenó el vacío dejado por otras personas que sólo estaban de paso en mi corazón. Aunque pensaba lo contrario.
Aprendí a perdonar cuando dejé de ser la víctima. Hubo un intercambio de papeles. Yo también puedo hacer daño. Y todo el mundo.
Aprendí a perdonar cuando le di valor a las cosas que realmente lo merecen.
Aprendí a perdonar gracias a cada abrazo y palabra de cariño que recibí sin esperarlo.
Aprendí a perdonar cuando me arrancaron una sonrisa. Cuando me sonrojaron por una bonita palabra.
Aprendí a perdonar cuando sentí alivio y paz en mi interior. Ese interior que machaca porque uno quiere que suceda. Inexplicablemente.
Aprendí a perdonar cuando supe que todos valoramos de diferentes maneras lo que decimos.
Aprendí a perdonar cuando las palabras adquirieron un significado diferente y puro. Original y sincero.
Aprendí a perdonar porque... No vale la pena torturarse por nimiedades del día a día.
Aprendí a perdonar cuando los suspiros me dejaban sin aire pero con más espacio para llenar de cosas felices.
Aprendí a perdonar gracias a los golpes certeros recibidos.
Aprendí a perdonar... Porque es lo que me hace feliz.

miércoles, 24 de julio de 2013

Cobarde tozudo

Me dijiste que me olvidara de ti. No tuviste en cuenta que yo soy quien convive con tus recuerdos todos los días. Pusiste tierra de por medio para huir de algo que te viene grande: una historia de amor. ¿En serio que no vas a luchar? ¿Ni lo más mínimo?  Eres consciente de que ahora aparentas ser el fuerte porque, por primera vez, me ves frágil.  Como nunca antes. Disculpa que me haya quitado la máscara;  que hay mostrado que también toco fondo, como todo el mundo.
Insistes en que en un futuro... quién sabe... nos reencontremos. ¿Para qué?  Para recordar aquello que nos unió y desunió... Si los astros o el destino hacen de las suyas, como ya nos ha pasado, por favor,  guíate por el corazón y no por la cabeza.  Ni tú ni yo somos seres racionales,  sino viscerales.
Nos queremos, sabemos cuándo el otro está mal. Además, nos necesitamos... Necesitamos saber que el otro es feliz.
Tuvimos un pasado. Bueno, dos. El de nuestra relación y el de la "ruptura". ¿Con cuál te quedas? Da igual tu respuesta porque no me vas a decir lo que quiero oír: "Quiero un futuro a tu lado". Basta ya de cargar con fantasmas del ayer.
Te obcecas en que no vamos a estar juntos. Vale. Como quieras. Pero, ¿qué ves cuando me miras a los ojos? ¿No sientes que el mundo está bien cuando nos tenemos en frente uno del otro? El tiempo se para y sólo existimos tú y yo. Piensa en lo que te estoy diciendo. Piénsalo bien.
No me tengas como un recuerdo, sino como un presente, mi amado cobarde.
Te arrepentirás por no haber luchado con uñas y dientes,  como ambos deberíamos pero... Repito, espero que me perdones que no lo haga ahora porque me faltan fuerzas y mi máxima prioridad soy yo misma.
Existe una canción... "Si yo te quiero y tú me quieres, entonces,  por qué no estar juntos".
¿Cuándo comienza la batalla por nuestra historia? Me estoy haciendo con el armamento. Dame tiempo.  A ver qué estarás haciendo tú...
IRLU

domingo, 12 de mayo de 2013

Carta de amor a un desconocido

No sé cómo te llamas, ni me atrevo a decir el color exacto de tus ojos. ¿Y tu pelo? ¿Moreno? ¿Rubio? ¿Tal vez, castaño? Ay...

Estoy enamorada de ti. Nunca me había pasado esto. De una manera pasional e irracional, como las cosas maravillosas de la vida, te quiero con todo mi ser.

Llámame loca, si quieres, pero siempre he sentido esto por ti: amor. Amor del bueno, el generoso que no espera nada a cambio. Ese amor que se basa en una confianza ciega, en ser compañeros de viaje. Sí, esa clase de amor que nos llena y nos da motivos más que suficientes para levantarnos cada mañana y estar dispuestos a luchar con o sin armas.

No sé... cómo llegarás a mi vida ni dónde nos encontraremos por primera vez; pero sí sé que será inolvidable. Nos emocionaremos ambos cuando les contemos a nuestros nietos la primera vez que nuestras miradas se cruzaron. Suspiraremos cada vez que estemos separados... Pensaremos el uno en el otro y nos alegraremos de que compartamos nuestras vidas.

Seremos cómplices, crearemos un lenguaje propio que sólo entenderemos nosotros. Cada vez que me acaricies, sentiré billones de mariposas. Por cada dulce beso que te dé, querrás veinte más. 

Formaremos una familia en un hogar donde se respire en cada rincón amor. Sí, mi querido desconocido. Viviremos un sueño hecho realidad. Soy una enamorada del amor y una gran convencida de que lo que uno desea con todo su corazón se cumple. 

Me cuidarás y yo, a ti. Seremos un equipo y nos apoyaremos mutuamente. Sí, ya verás que sí, amor. No temamos nada.

La aventura comenzará en el preciso instante en que me digas, únicamente, tu nombre... ¿Estás preparado? Va a ser maravilloso, mi amado desconocido.

domingo, 21 de abril de 2013

No está bien

No está bien. No está bien que siga pensando en ti y en los momentos que vivimos juntos. No está bien que mis ojos no se hayan secado por tanta lágrima derramada... por ti. No está bien. No está bien que tus labios sigan tatuados en los míos. No está bien que tu voz siga retumbando en mi cabeza y que me diga que me echas de menos. No. No está bien. No está bien que la herida de mi corazón siga sangrando y no cicatrice. No está bien. No está bien que sigan pasando los días, las semanas y los meses y que sigas presente en mi vida. No está bien que cada pequeña cosa me recuerde a ti. No está bien. No está bien que tu olor siga en mí... No está bien que aunque estés lejos te siento muy cerca. No. Sigue sin estar bien que no consiga pasar de página. No. No está bien que te intente olvidar y se me haga un mundo el conseguirlo. No está bien... No está bien que te siga queriendo... Y tú, a mí porque así lo siento. Sí, te siento. No está bien, mi amor, que ya no te pueda llamar así y me invada la rabia por pensar en por qué hiciste lo que hiciste. ¿Por qué lo pasó lo que pasó? Dame una respuesta porque no puedo más. Sé que tú también me oyes y no está bien que no me contestes. No está bien... No

viernes, 22 de marzo de 2013

Adiós...

Duele. Duele haberte dicho adiós... Tantas veces. Pero aún duele más saber que no eres para mí. 

Resulta paradójico cómo la gente, al terminar una relación, lo primero que quiere hacer es "pasar página". No, no se puede hacer tan rápido como queremos. Necesitamos pasar nuestro duelo. Llorar, limpiar el alma... Curarse el corazón. Un corazón que no fue desgarrado como la primera vez sino que ha sido lastimado con heridas finas, como cuando uno se corta con una hoja de papel. Escuece. Es una pequeña herida profunda que, de vez en cuando, tira. Tampoco se sabe cuándo se cura... Pero se cura.

Nunca pensé que un segundo amor doliera tanto. El alma queda vacía. La persona vaga sin rumbo por su cotidianidad... No porque te hayas enamorado antes te libras de esta situación tan extrañamente familiar.

No quise estar un año entero llorando por ti, como hice con mi primera relación. Prefería tener la cabeza ocupada y el tiempo mínimo para pensar. Sabía que si tenía un minuto libre tú aparecerías en mi mente para recordarme que aún me quieres. Ése fue mi error. Debí llorar lo que mi corazón me exigía. Debí hablar conmigo misma y aclarar mis sentimientos, no dejarlos a un lado. 

A día de hoy, sé que es el momento de despedirme de ti. "Se acabó", como me dijo una amiga. Esta historia no va ni para delante ni para atrás. Tengo que "rehacer mi vida", como me insististe... Así lo haré. Pero... Sé que volverás. En algún momento de mi vida, sé que regresarás. Nos reencontraremos dos personas completamente diferentes... Y heridas. No te voy a perdonar porque no me hiciste ningún mal. Simplemente fuimos dos personas que no supimos medir nuestro amor. Tú me quisiste y yo, a ti. Cometimos errores. En las relaciones de dos, las culpas son al 50%.

Nunca leerás estas líneas, ¿o sí? Qué importa. Sólo quiero tener en paz mi pobre corazón al que tengo que cuidar y mimar. Lo curaré.

Gracias por haberme hecho sentir querida y por dejarme darte mi amor. 

No eres el hombre de mi vida. Ni yo, la mujer de la tuya. Es así de sencillo y sincero.

Adiós...

martes, 8 de enero de 2013

Enamoradas del amor

Hay personas que nacen enamoradas del amor, en todas sus facetas. También las hay que, gracias a un entorno donde se respira amor, se acaban enamorando de él. Por el contrario, están las que, en el momento en el que ven algún tipo de manifestación amorosa por parte de otra persona, huyen despavoridas. De todo tiene que haber, dicen.

Las del primer grupo, enamoradas de amor innatas, saben que aun enamorándose perdidamente, les pueden hacer daño pero no temen volver a "caer". Cada persona a la que conocen, les entregan su corazón en bandeja de plata. No esperan nada a cambio. Sólo dan y dan. En algunas ocasiones no son correspondidas. Pero saben que, tarde o temprano, vivirán un amor fuerte, irrompible y correspondido. 

Las personas que se van enamorando del amor gracias a sus circunstancias suelen ser un poco reacias al principio cuando conocen a otras personas. Se les acelera el corazón en cuanto las ven... Suspiran... Sonríen... Y finalmente, sin resistencia, se enamoran. "¡Vale la pena sentir esto -el amor-!", gritan entusiasmadas. 

Por último, las que rechazan el amor, creen, ingenuamente, que si no se enamoran, nunca les harán daño. Además, caminan por la vida con grandes corazas. No dan amor pero... Sí lo reciben porque, por lo general, van conociendo a personas del primer o segundo grupo. Ignoran que, en cualquier momento, acabarán entregando sus corazones porque todos estamos predestinados a amar y a ser amados. 

La otra cara de la moneda: las heridas. Como dije una vez: "hay heridas del corazón, del alma y de la piel". El grado, intensidad y recuperación, en cada una, varía una barbaridad:

  • Las heridas del corazón provocan un agudo y ruidoso dolor que oprime el pecho y apenas deja respirar. Meses o, incluso años, es la media para volver a estar al 100% bien.
  • Las del alma son angustiosamente silenciosas, abarcan todo el tronco de la persona, las extremidades quedan como trapos a merced de un títere sin rostro. Apenas se oye el lento latido del corazón. Su recuperación es más larga que las del corazón.
  • Las de la piel, provocadas por golpes, rasguños, accidentes... Están perfectamente localizadas. Son las más rápidas de curar: agua oxigenada, algún antiséptico, alcohol de farmacia, tiritas o vendas... Y ya. Es cuestión de semanas. 
La conclusión es simple y esperanzadora: uno siempre se recupera de cualquier herida. ¡Enamorémonos! ¡Nada hay que perder pero sí que ganar! 

viernes, 4 de enero de 2013

Personajes, personalidades y personas


A continuación, las definiciones necesarias para sobrevivir a esta sociedad. 


Pony azul: dícese de la persona que quiere destacar sobre otra, da igual en qué plano de la vida. Es lo equivalente a cuando los niños, de pequeños, comparan sus juguetes siempre hay uno que dice que el suyo es el mejor. Además, expondrá estúpidos argumentos para que no tenga réplica. Básicamente porque no merece la pena contestarle. Ejemplo: "Me he comprado un vestido rosa", dice alguien en alguna conversación. "Ah, pues yo, uno verde, que es el color que se lleva. Porque claro, el verde es un color que me favorece. A ti, no. No porque eres demasiado... blanca de piel. En cambio a mí [...]".

Wanna-be: dícese de aquella persona que quiere aparentar lo que no es (En español, el "quiero y no puedo" de toda la vida). Se crea un mundo paralelo en su mente, en donde todo lo que compra es lo que se lleva y está de rigurosa moda. Pero no. En realidad es un/a hortera de tomo y lomo y lo quiere disimular. Se empeña y todo... 

Dodotis: dícese de aquella persona que es una cagueta y que no se atreve a expresar lo que siente. Prefiere decir lo contrario a lo que le dicta su corazón por miedo a que se rían de él o a... lo que le salga del pie.

Parejas escaparate: dícese de aquellas parejas que, delante de la gente, no paran de darse mimos y decir cuánto se quieren. Realmente, están juntos porque tienen miedo a estar solos y prefieren conformarse con el/la primero que pillan. Creen que nunca encontrarán a su verdadero amor y además, el paso tiempo es un factor que influye... "Tempus fugit". Están convencidos de que, de cara a la galería, su mentira es creíble. 

Ay, pobre de mí: dícese de aquella persona que es victimista desde el minuto que se despierta hasta el que se acuesta. Aunque también es cierto que cuando sueña sigue lamentándose de su triste existencia. Todos tienen la culpa de sus "desgracias", que, por lo general son auténticas imbecilidades que le tienen entretenido. Nunca ve la parte positiva de las cosas, está más cómoda en su espiral de idioteces. Suele emplear las redes sociales como lanzaderas de sus pensamientos, que no interesan ni a sus amigos, familiares o enemigos.

Mary Poppins: dícese de aquella persona que está convencida de que todo lo hace bien. Cada cosa que dice o hace está "perfecta". Suele ser muy ilusa y no escucha a los demás. La gente suele alucinar con las chapuzas que hace pero nadie se atreve a decirle que son basura. 

Copy-paste: dícese de aquella persona que no para de citar a autores, conocidos y no. Es incapaz de argumentar con sus palabras en cualquier debate. En las redes sociales copia y pega artículos, poemas... Piensa, ingenuamente, que así los demás pensarán que es culto/a. "La gente es ignorante porque no leen lo mismo que yo" suele ser su lema vital. Por otra parte, cuando ven a alguien con alguna prenda que les gusta, le preguntan dónde la ha comprado y al día siguiente ya está en su armario. Personalidad nula e inexistente.

Enfadad@ con el mundo: dícese de aquella persona que cree a pies juntillas que todos son idiotas. Nadie le entiende, nadie le escucha... Y cuando alguien le intenta ayudar parece que no es suficiente. Casualmente todos sus días son horribles. Discute más que respira. Es agotadormente gruñón y no hay forma de que cambie de actitud. "El mundo está en mi contra y lleno de incompetentes".

Psicólogo seven/eleven: dícese de aquella persona que, por lo general, no ha estudiado la carrera ni pretende porque bastante tiene que aguantar diariamente (24 horas al día oyendo imbecilidades ajenas es mucho). Es el confidente al que todos sus amigos acuden. Suele dar buenos consejos y sabe escuchar pero... A él, ¿quién le escucha? Nadie. Prefiere ayudar a los demás. Está en segundo plano aunque es un tesoro muy difícil de encontrar. 

¿Creéis que falta alguna "personalidad" por describir? Por favor, decídmelo. Gracias.