martes, 8 de enero de 2013

Enamoradas del amor

Hay personas que nacen enamoradas del amor, en todas sus facetas. También las hay que, gracias a un entorno donde se respira amor, se acaban enamorando de él. Por el contrario, están las que, en el momento en el que ven algún tipo de manifestación amorosa por parte de otra persona, huyen despavoridas. De todo tiene que haber, dicen.

Las del primer grupo, enamoradas de amor innatas, saben que aun enamorándose perdidamente, les pueden hacer daño pero no temen volver a "caer". Cada persona a la que conocen, les entregan su corazón en bandeja de plata. No esperan nada a cambio. Sólo dan y dan. En algunas ocasiones no son correspondidas. Pero saben que, tarde o temprano, vivirán un amor fuerte, irrompible y correspondido. 

Las personas que se van enamorando del amor gracias a sus circunstancias suelen ser un poco reacias al principio cuando conocen a otras personas. Se les acelera el corazón en cuanto las ven... Suspiran... Sonríen... Y finalmente, sin resistencia, se enamoran. "¡Vale la pena sentir esto -el amor-!", gritan entusiasmadas. 

Por último, las que rechazan el amor, creen, ingenuamente, que si no se enamoran, nunca les harán daño. Además, caminan por la vida con grandes corazas. No dan amor pero... Sí lo reciben porque, por lo general, van conociendo a personas del primer o segundo grupo. Ignoran que, en cualquier momento, acabarán entregando sus corazones porque todos estamos predestinados a amar y a ser amados. 

La otra cara de la moneda: las heridas. Como dije una vez: "hay heridas del corazón, del alma y de la piel". El grado, intensidad y recuperación, en cada una, varía una barbaridad:

  • Las heridas del corazón provocan un agudo y ruidoso dolor que oprime el pecho y apenas deja respirar. Meses o, incluso años, es la media para volver a estar al 100% bien.
  • Las del alma son angustiosamente silenciosas, abarcan todo el tronco de la persona, las extremidades quedan como trapos a merced de un títere sin rostro. Apenas se oye el lento latido del corazón. Su recuperación es más larga que las del corazón.
  • Las de la piel, provocadas por golpes, rasguños, accidentes... Están perfectamente localizadas. Son las más rápidas de curar: agua oxigenada, algún antiséptico, alcohol de farmacia, tiritas o vendas... Y ya. Es cuestión de semanas. 
La conclusión es simple y esperanzadora: uno siempre se recupera de cualquier herida. ¡Enamorémonos! ¡Nada hay que perder pero sí que ganar! 

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