Hace semanas,
me retaron a escribir sobre lo que era el amor. El amor. ¿El amor? ¡El amor! Y no
me he atrevido hasta el día de hoy… Será porque he visto un vídeo en la Red que
me ha impactado. Unas cinco mujeres relataban cómo habían vivido ellas sus
grandes amores y cómo ahora ya no estaban con ellos. De repente… Unos, frente a
otros. Con vendas en los ojos. Y se las quitaban. Algunas de ellas lloraron. Y
ellos… Dos de ellas son con las que más me he identificado. Una no podía
reprimir sus lágrimas al tener delante a su gran amor… Había dolor, tristeza y
amargura en sus ojos. Obviamente no lo había superado. Se daban un abrazo pero
ella estaba rota por dentro… La otra chica sonreía. No paraba de hacerlo:
mientras describía cómo había sido la relación, su presente, el tiempo
transcurrido… Y, al verle a él, le brillaban los ojos de alegría. Se fundían en
un precioso abrazo, cargado de AMOR. Hasta se besaban. Ahora me identifico con
la segunda mujer, la que estaba feliz de reencontrarse con su gran amor tras trece
años. Supongo que si te tuviera en frente de mí, te miraría directamente a los
ojos, cogería todo el aire del mundo y suspiraría… Mi querido “aire que me sobra
por ti, que me faltas”.
Un amor te
cambia la vida, la forma de verla, de relacionarte con los demás, hasta la
manera de hablar. Ya no miras con tus ojos, sino a través de los de otra
persona que te va a acompañar toda tu vida. Bueno, su recuerdo. Aunque en el
camino te cruces con otras personas.
Lo bueno es
que a ese gran amor siempre siempre siempre le acompañan otros amores… El amor
de tus padres… Ese abrazo o esa caricia que, sin buscarla, se da. Ese pequeño
gesto que te conecta con quienes te dieron la vida. Esa mirada de amor
incondicional que te dice: “todo va a estar bien, yo estaré a tu lado”. Sí…
Cuando el mundo decide dar un giro inesperado y que tengas un “día horrible”,
su sonrisa te devuelve luz. Y todo se arregla mágicamente.
El amor de
hermanos… Quienes tenemos hermanos agradecemos a la vida compartir los
primeros, segundos y eternos pasos a su lado. Aprendemos al mismo tiempo o
ellos son nuestros maestros. Aunque te enfades con ellos, sabes que no hay
personas a las que quieras más. Si alguien dice algo malo de ellos, te recorre
una rabia por dentro… No sé… Que a nadie se le ocurra tocar a tu hermano o
hermana. A nadie.
Los amigos…
Esa familia que eliges. Unos van… Otros se quedan. Algunos te dejan huella. De
ellos también aprendes. Con cada gesto, palabra o, sobre todo, error cometido
por ellos o por ti.
El amor es
algo grande. Es el acompañante que va de nuestra mano por la vida. Tiene
tantísimas manifestaciones que, depende de tu momento, serán de una manera u
otra.
Tal vez me
haya liado un poco en este texto… Pero me ocurre algo… Considero el amor como
una de las cosas más importantes del mundo y no sé cómo describirlo con las
palabras precisas porque, afortunadamente, no es algo exacto. Cada uno lo
interpreta como quiere. Es eso… El amor es libre y camaleónico. Depende de
nuestro estado de ánimo, de nuestra etapa vital, de nuestras heridas y de sus
curas…
Creo en el
amor. En ti, en mí y en todo. Creo que cualquier prueba que nos encontramos
solo es superada si tenemos a alguien a quien dar y de quien recibir amor.
Hace poco, me dijeron que escribía con las entrañas y que enamoraba con mis gestos... Pues espero seguir haciéndolo porque no conozco otra forma de vivir.