“Hola, soy Ana, de derechas, heterosexual, católica practicante”, dice una chica al ser presentada en una fiesta en un grupo de amigos. “Yo, Luis, homosexual, de izquierdas, agnóstico, encantado”, le contesta uno. Ésta es una situación ficticia. Y, sobre todo, absurda. Pues, a veces parece que algunas personas escuchan eso al ver a otros. Debe ser que saben de lenguaje no verbal. Qué se yo.
El caso que, al poner etiquetas a la gente limitamos el hecho de sacar lo más enriquecedor de las personas por nuestros prejuicios. Y los que van de ‘tolerantes’ no tienen ni una pizca.
La semana pasada, charlando con una amiga, etiquetada a sí misma “de mente abierta”, me soltó uno de los comentarios más homófonos que he oído en mi vida. El origen de este hecho se sitúa hace dos años, en una fiesta. A la que acuden varias personas y una pareja de lesbianas. Éstas, alertadas por los comentarios duros y del paleolítico del que son protagonistas cuando dan un ingenuo paseo, se pasan toda la fiesta sin besarse, sin tocarse, sin acariciarse. Al terminar, le pregunto a la homenajeada –son amigas suyas- por qué esa actitud tan fría de la pareja. “Por no herir sensibilidades”, me contesta. ¿Cómo? No supe reaccionar. Hasta que hace unos días, esta misma amiga me dice que les dijo a la pareja que había personas en la celebración que se podían sentir incómodas. Me enumera algunas de ellas. Cuál es mi asombro cuando me nombra a la de “mente abierta”. Y apostilla: “Al finalizar, me dijo que no había sido para tanto pero que las lesbianas, son tíos con cuerpos de hombre y que seguro que la estarían dando una nota”. Y aquí mi doble asombro: el grado de autoestima estratosférico de algunas personas y lo retrógrados que somos aunque abanderemos todo lo liberal.
Me duele y mucho estas situaciones. Gracias a que en mi camino me he ido encontrando con personas completamente diferentes a mí en todos los aspectos ahora puedo decir alto y claro que les considero AMIGOS para toda la vida.
Desgraciadamente también están los dos extremos enfrentados con los que me encuentro en el día a día que te tachan de “facha” por votar al PP; “sectari@” por creer en Dios, “perturbad@” por relacionarte con gente de su mismo sexo…
Asco, me da asco estas puntas de una misma cuerda. La tolerancia que existe hoy es la ‘neotolerancia’ caracterizada por:
1.- No tolerar todo aquello que no sea afín a ellos.
2.- Odiar y hasta repudiar a esas personas opuestas.
3.- Llevar una máscara de quita y pon dependiendo de la ocasión.
4.- Hablar sin saber porque no han querido entablar conversaciones con “los diferentes”.
5.- Ni tampoco, han investigado el origen o la cultura contraria.
6.- Detestar todo lo anterior al momento de la Historia que estiman oportuno.
Mis amigos son como un enorme abanico, de todos los colores y formas. No los cambiaría por nada pero, SEAMOS LEALES CON NOSOTROS MISMOS Y QUITÉMONOS LAS MÁSCARAS. Sobre todo, no seamos hipócritas y presumamos de “mente abierta”, cuando se trata de mirada/perspectiva de burro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario