lunes, 3 de octubre de 2011

Esta casa la recordaba más grande

Cuando ha pasado mucho tiempo, y se vuelve a la casa que significó mucho en una época anterior, el shock es demoledor. Primero porque ese lugar especial ha envejecido y todo lo que le rodea ha cambiado.

Un ejemplo muy claro es la casa de verano. Por lo general, una familiar. Hace una semana fui con mi novio a la casa de la sierra que tiene mi familia. Con muchísimas ganas emprendimos el viaje. Esa ilusión viene dada por los innumerables recuerdos que albergamos en una parte de la memoria que pocas veces sacamos por miedo a destruirlos.

Por fin llegamos a nuestro destino. El primer susto. El jardín que años atrás era un orgullo es muy parecido al de la película El jardín secreto. Abandonado, con malas hierbas en los caminos de arena y con el boj seco y enfermo. Entonces, entramos en la casa. Huele igual :D. ¡Ummmm! Es imborrable. Pero la sensación también es extraña porque parece como si las paredes se hubieran acercado unas a otras y los muebles, también.

Me asomo a la terraza, hace años, enorme. Y veo el jardín desde la segunda planta. También ha reducido el tamaño... ¿Qué ha pasado? Es como una casa de muñecas. Bajo al primer piso. Lo mismo de antes: el olor es familiar -y nunca mejor dicho- pero todo lo demás ha empequeñecido. La imagen del jardín es asoladora. Un sentimiento de tristeza me inunda. Al mismo tiempo vienen a mi mente millones y millones de imágenes, historietas, personas con unos añitos menos y algunos, que ya no están entre nosotros.

Bajo al garaje. Qué duro. Nuevamente ese lugar reúne elementos que me hacen tener sentimientos encontrados y sobre todo, enfrentados. Las bicicletas, alineadas siguen igual colocadas pero muy viejas, muy pequeñas. Al otro lado, montones de muebles que nunca he visto. Son parte de la herencia de unos tíos míos. Ahora ese sitio donde mis primos vivimos miles de momentos mágicos se ha convertido en un guardamuebles y no cabe nada. Apenas se puede atravesar con facilidad.

Me quiero ir. Lo que estoy viendo no se corresponde con los recuerdos que tengo. Las personas que asiduamente disfrutaban de ese lugar... no están.

Nos damos un paseo y llegamos a la casa más especial para mí, donde pasé mis primeros quince años de vida. La calle que conduce a ella también se ha estrechado. Miro con muchísima nostalgia las ventanas cerradas de esa casa. Mis padres la alquilaron durante mucho tiempo pero, debido al fallecimiento de mi abuelo y a lo que "se debe hacer para no parecer un imbécil", dejamos de pasar allí nuestros anhelados veranos de tres meses. Llevo mi cámara de fotos y hago muchas fotos. En blanco y negro, que queda más artístico y además, más deprimente. Total, es un día que pide estar deprimido...

Vamos al monte, donde de pequeños mis muchos hermanos y yo solíamos pasear y montar en bicicleta. Para variar, la gente con la que me cruzo... no la conozco.

"Volvamos a Madrid", le digo a mi novio. Quiero dejar de recordar cosas que ya no existen ni en personas que han crecido o se han ido...

Este ejercicio es duro pero también tiene su parte positiva: alegrarse de haber vivido esa envidiable y mágica infancia en ese lugar

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