lunes, 3 de octubre de 2011

El pasado es el presente

Nunca caí en la cuenta de lo que influyen nuestros primeros años en el resto de nuestra vida. Aceptaba las teorías freudianas, los famosos “traumas infantiles”. Conocía la teoría al dedillo pero hasta que no lo he vivido en mis carnes no he sabido caer en la cuenta.

Es increíble como las personas, con el paso de los años y con la experiencia adquirida, dan siempre en la diana en sus afirmaciones. Los comportamientos –extraños o no- tienen siempre un porqué, un origen.

Nunca he sabido lo que es la soledad. Ni pretendo. Por eso no comprendo a las personas que, desde su más tierna infancia, han estado solos física o psíquicamente. Y, a día de hoy, sigo sin entenderlo. Pequeños detalles como, por ejemplo, a la hora de comer: quién empieza antes, qué hábitos tiene en su día a día…

Muchos padres se rompen la cabeza a la hora de elegir un buen colegio. Es lógico. Esos años van a marcar a sus hijos de por vida. Deciden, en muchos casos, si ese niño va a tener o no hermanos. Básico.

Hoy en día, lo digo por los famosos que salen en las revistas, las ‘celebrities’ juegan en el parque con sus hijos; éstos no se interrelacionan con los de su edad. Es decir, viven en un pseudo-mundo de adultos en el que los mayores se comportan como niños. Extraño…

Un niño tiene que estar con chavales de su edad. Pelearse, reconciliarse, odiar, amar… No debe vivir en esa burbuja porque luego, todo eso pasa factura.

Máxime, teniendo en cuenta que ahora, la forma de socializarse de los jóvenes tiene como medio un teclado –ya sea ordenador o móvil-. Falta contacto físico, salir a la calle y charlar no quedar para emborracharse, o lo que sea.

Un niño será un hombre feliz si, entre sus pilares están los siguientes: cariño de los padres (un abrazo o un beso nunca sobra), respeto por las cosas ajenas, no sentir nunca lo que es la soledad hasta que no sea un adulto 100%, jugar, tener responsabilidades y cumplirlas (deberes, horarios…), saber lo que está bien y lo que está mal.

Asimismo, los padres/profesores/tutores NUNCA deben hacer lo siguiente: comparar a un niño con otro (ya sea hermano, primo o compañero), decirle que es tonto, no escucharle, tratarle como un adulto, mimarle con premios que no se los merece.

Obviamente, en la adolescencia estas bases se esconden por diversos motivos: muchos cambios –internos, externos, medios…- pero una vez pasada esta edad se ven “los frutos” que en su día cosecharon los padres.

Seamos todos felices y disfrutemos de la vida. Ayudemos, en la medida de lo posible, a quien no ha tenido la suerte de vivir una buena infancia.

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