Ayer fui a conocer a un nuevo miembro de la familia. Apenas tienes un mes. Es blanquito de piel, tiene el pelo castaño claro, y ya debe pesar más de 4 kilogramos. Es el primer hijo de mi prima y es una de las cosas más bonitas que me han pasado en este mes de mayo.
Más de media hora estuvo llorando mientras estaba en su casa. ¿Qué se puede hacer en ese momento de estallido? No hay comunicación posible. ‘A priori’, eso sí. Porque luego, cuando el adulto está tranquilo y consigue trasmitírselo al pequeñín va todo como la seda. ¡Qué precioso es ver el vínculo entre una madre y su hijo a la hora del baño, de la comida…! Cómo el bebé se calma y empieza a “mirar” todo lo que hay a su alrededor.
¿Qué pensará? ¿Qué observará con tanto detenimiento? Mi madre me dice que con un mes un bebé no mira nada pero ayer, la impresión que me dio mi sobrinito es que algo contemplaba. Es una mirada limpia, fija, inocente y pura. Le das un dedo para que lo tome su pequeña mano. Pero es fuerte el apretón. Se agarra a la vida. Es precioso.
Su orgulloso papá me contaba que al regresar del trabajo le nota cambiado. Un día el niño se parece a la madre, otro a su padre… Es increíble ver cómo crecen los bebés, los cambios que experimentan.
¡Bienvenido a este loco mundo, bebé!
No hay comentarios:
Publicar un comentario