lunes, 22 de agosto de 2016

#44 ABSURDOS PERO NECESARIOS COMO EL DENTÍFRICO

¿Y por qué no? Después de una brevísima historia hace un par de años, era el momento de quitarse la espina y reencontrarse. Quedaron en el lugar favorito de ella. Previamente, él le dio un susto al no escribirle hasta el último momento para concretar... Él no paró de hablar. Ni un solo minuto. Ni un solo instante. Preguntaba y se respondía él solo. Ni las maravillosas vistas en la azotea callaban esa diarrea verbal del muchacho. Después de tres horas, a ella le estallaba la cabeza y decidieron irse. No sin antes ella soltarle: "Si me permites que te dé un consejo: sé espontáneo, deja de controlarlo todo y te irá mejor. Me voy en Metro. Adiós". Ni besos ni leches

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