lunes, 19 de noviembre de 2012
¿En qué piensas?
Te pasas todo el día pensando en esa persona, en las cosas que podéis hacer juntos, en los recuerdos que se pueden crear… En las fotografías que os podéis hacer para luego enmarcarlas. En un futuro… Cercano o lejano.
Pienso en que un mes a su lado pasa volando. No pienso en los besos que se puede dar… Pero sí, en los que deseo recibir y robar.
¡Ay! Cuánto duele haber perdido ese amor… Todos nos acordamos de cómo nace, de los pequeños detalles –caricias, palabras…- que se nos hacen un mundo. Pero… Cuando pasan los años y se viven momentos ‘menos felices’ y comienzan los roces, las semanas se hacen más largas.
Me arrepiento de no haberle dicho, en su día, tantas cosas que nos hubieran beneficiado como pareja…
Comparo los tipos de amor y pareja que he tenido: el platónico, el primero, el maduro… ¿Y el verdadero? ¿Dónde está? ¿O es que ya lo he vivido y no me he dado cuenta? No sé… No sé… Algo me dice que ‘no ha llegado todavía y que se va a hacer esperar’. Llámalo intuición.
Ya no me da envidia ver a la gente a la que quiero radiante y enamorada. Me alegro mucho por ellos. Con todo mi corazón. Sólo temo que les hagan daño. Aunque siempre se aprende de todo. ‘Lo que no te mata te hace más fuerte’, ¿no?
Decir ‘te quiero’ es lo más precioso que hay. Pero, como me respondieron una vez: ‘(…) es más valioso que te lo digan a ti (…)’.”, contestó María sonriendo.
Carta abierta a la mujer florero
La primera es que no entiendo cómo encandilas a los hombres si en tu interior no hay nada, eres superficial. ¿Qué pasa? ¿Que no sufres? ¿No derramas lágrimas por un hombre? ¿Por un pensamiento equivocado?
La segunda, ¿valoras a tus amigas? ¿Eres partícipe de sus penas? ¿O sólo quedáis para presumir de que vais a sitios 'cool'? ¿No te sientes vacía e insignificante?
La tercera: ¿te criaron para sólo lucir palmito, verdad...?
Pero... Tal vez me envidies. Me envidias que llore por amor y desamor. Que cada lágrima que brota por mis ojos hace que me duela físicamente el corazón... Me caí y me sigo cayendo por cada golpe. Tranquila, me sigo poniendo en pie. Y cada vez, más rápido. Las lecciones que aprendí fueron a base de fallos. No, no me arrepiento. No lo cambiaría por nada.
Si escucho en la radio alguna canción que me recuerda al pasado, me quedo pensativa y me acuerdo de esos momentos. No disimulo nada, como haces tú. Siento cada nota que se clava en mi alma. Incluso, a veces, apago la radio porque el dolor me consume. Pero, cuando acaba la melodía respiro profundamente, como si no quedase más oxígeno y me siento afortunada por lo que he vivido. ¿Y tú? ¿Puedes decir lo mismo?
Cuando rompo una relación no me recupero a los pocos días. Estoy meses pensando en lo que pasó y en lo que podría haber pasado si fuera más valiente. Intento hacer varias cosas para mantener la cabeza ocupada, pero cuando estoy sola me acuerdo de él.
Siento miedo, mucho miedo por cada pequeño o gran cambio que ocurre en mi vida. Porque sé que va a ser importante. Y lo necesito. Lo mejor es que da igual lo que pase porque estoy rodeada de personas que me quieren. Y me quieren mucho. Sé que si necesito su ayuda, allí estarán. "Si estás mal, llámame", no paran de decirme. Y lo dicen sinceramente.
Tal vez pienses que soy patética por exteriorizar cada sentimiento o pensamiento. Me da igual. La vida es SENTIR. Y no me cansaré nunca de decirle al mundo qué me pasa por la cabeza y por el corazón.
Confío en cada impulso. Todo lo que sale del corazón es bueno. ¿Para qué pensar tanto? Siente, respira, comparte...
sábado, 13 de octubre de 2012
El príncipe azul ha muerto
martes, 9 de octubre de 2012
Yo sólo quería un masaje...
Feliz y temerosa, lo reconozco, fui. Me cambio, me pongo mi bikini y albornoz y me dispongo a "empaparme".
Todo tiene muy buena pinta. La primera "piscina" (disculpad mi gran ignorancia) está bastante calentita. Muchos botones en las paredes... Apretemos algunos, pues. Eh... Curioso. Chorros y chorrazos golpean contra mi lechoso cuerpo. Y se meten en todos los agujeros... Vamos a la siguiente, la temperatura va bajando... Todavía sigo algo tensa y sobresaltada. Algo sospecho...
Toca el turno de las saunas. No entiendo cómo a la gente les gusta. ¡Calor absurdo e innecesario! Al menos, para mí. Mareos que no vienen a cuento. Definitivamente no me gusta asarme...
Tomamos un refrigerio. Almendras, zumo 99% concentrado... Vale, está bien.
Llega EL MOMENTO. Mis acompañantes van cada uno a un cuarto. Estoy sola en uno bastante grande. Me dicen que me quite el bañador y me ponga "esto". "Esto" es un tanga blanco de papel bastante humillante que no deja nada a la imaginación. Obediente, como siempre, me lo pongo. ¡Qué remedio!
Me tumbo en la camilla, como me había indicado la señorita. Me tumbo boca abajo. Craso error. "No, disculpa, boca arriba, como antes le había dicho". Cierto es que me hice la loca cuando me lo comunicó la primera vez... Pudorosamente, tapándome los pechos, me doy la vuelta.
Masaje facial, de pierna, de muslamen, de brazo... "¿Va usted bien al baño?", me pregunta mientras me masajea mi blanca tripa. Le agrada mi respuesta y me da la enhorabuena. Vaya, qué bien...
De repente, me baja la toalla que cubría mi tronco. Quedan al descubierto "mis niñas". Muerdo con fuerza para no reírme. No me apetece hacer más el ridículo... Las masajea, sí, masajea a "mis niñas". Cual masa de pan. Sin piedad. No sé qué pretende con tanto meneo pectoral, la verdad.
"Dese la vuelta", me dice la amiga masajista. Nuevamente, obedezco. Estoy en sus manos, nunca mejor dicho. Yo vine, repito, porque me dolía la espalda. Apenas un toqueteo por aquí, por allá. Se acabó. "Puede vestirse" y se va.
Salgo ya con mi bikini y albornoz. Una voz familiar me pregunta: "¿Te ha gustado?". Es la masajista... "Sí, me ha encantado", respondo con una asustadiza pero dulce sonrisa. Me dirijo hacia los vestuarios. La misma pregunta de la misma persona. Contesto igual. Me extraña tanta insistencia pero me figuro que es normal tanta "amabilidad".
Me encuentro con mi amiga en el vestuario. Le pregunto intrigada: "¿A ti también te han masajeado las tetas?". Me asustan sus ojos abiertos... Mala señal. "No, no me las han masajeado... ". Eh... Salimos a la calle. Le formulo la misma pregunta a mi amigo. "Cada uno teníamos un masaje contratado distinto", afirma con gran seriedad.
Durante todo este verano, a muchas de mis amigas les he preguntado: "Perdona, cuando has ido a que te hicieran un masaje, ¿te han masajeado las tetas?". Todas me han respondido con lo mismo: una sonora carcajada. A ver... Yo sólo quería un masaje...
lunes, 3 de octubre de 2011
Pues a mí sí me gusta…
… la Navidad. Parece que se ha puesto de moda que la gente diga que odia estas fechas tan especiales. Prefieren seguir con las caras de amargura que han tenido durante todo el año. ¡Ah! Y por supuesto, ya “no se lleva” eso de celebrar el nacimiento de Jesucristo. ¡Por favor! Y menos, festejarlo en familia… ¬¬
Muy mal. Muy mal me parece. Esta tontería de ir de vacaciones a otros países en Fiestas es capitalismo en estado puro y absurdez supina.
También es cierto que estas fechas siempre son melancólicas; tendemos a compararlas con las de otros años… Algunos seres queridos ya no están entre nosotros, la situación económica familiar está en su peor momento etc. Pero, así es la vida, amigos. Ya vendrán tiempos mejores, de verdad. Se debe festejar por todo lo alto estos días, máxime cuando hay nuevos miembros y miembras –como diría la analfabeta funcional Aído- en nuestros clanes. Ellos deben disfrutar y nosotros con ellos. Es maravilloso vivir nuevas navidades con personitas recién llegadas.
Todos hemos y tendremos navidades olvidables e inolvidables. Pero no por eso hay que entristecerse o amargarse.
Yo tengo como tradición poner el árbol, el belén y los adornos el puente de la Inmaculada. Bien es cierto que, al principio, me da un perezón espantoso pero luego, ya puesto, me encanta.
Ir por las calles de mi hermoso Madrid con las luces encendidas es una postal preciosa, que no me dejo de cansar de contemplar y retratar. La verdad es que, da igual en la época que estemos porque a mis Madriles se le encuentra encanto sí o sí.
También suelo, en las últimas semanas del año que se va, hacer un balance y ponerle una nota. Las malas cosas pasan a ser lecciones aprendidas y las buenas hacen que suba la clasificación final. Positividad.
¿Os acordáis de los villancicos, verdad? Pues cantadlos, leñe. O tararearlos, es un consejo.
Espíritu navideño que debe durar 365 días; eso sería lo ideal. Pero, de todo hay en botica. Procuremos alegrar a los demás. No somos perros, no ladremos a nadie, anda.
¡Feliz Navidad, histeriosos y que 2011 traiga sólo alegrías!
El pasado es el presente
Nunca caí en la cuenta de lo que influyen nuestros primeros años en el resto de nuestra vida. Aceptaba las teorías freudianas, los famosos “traumas infantiles”. Conocía la teoría al dedillo pero hasta que no lo he vivido en mis carnes no he sabido caer en la cuenta.
Es increíble como las personas, con el paso de los años y con la experiencia adquirida, dan siempre en la diana en sus afirmaciones. Los comportamientos –extraños o no- tienen siempre un porqué, un origen.
Nunca he sabido lo que es la soledad. Ni pretendo. Por eso no comprendo a las personas que, desde su más tierna infancia, han estado solos física o psíquicamente. Y, a día de hoy, sigo sin entenderlo. Pequeños detalles como, por ejemplo, a la hora de comer: quién empieza antes, qué hábitos tiene en su día a día…
Muchos padres se rompen la cabeza a la hora de elegir un buen colegio. Es lógico. Esos años van a marcar a sus hijos de por vida. Deciden, en muchos casos, si ese niño va a tener o no hermanos. Básico.
Hoy en día, lo digo por los famosos que salen en las revistas, las ‘celebrities’ juegan en el parque con sus hijos; éstos no se interrelacionan con los de su edad. Es decir, viven en un pseudo-mundo de adultos en el que los mayores se comportan como niños. Extraño…
Un niño tiene que estar con chavales de su edad. Pelearse, reconciliarse, odiar, amar… No debe vivir en esa burbuja porque luego, todo eso pasa factura.
Máxime, teniendo en cuenta que ahora, la forma de socializarse de los jóvenes tiene como medio un teclado –ya sea ordenador o móvil-. Falta contacto físico, salir a la calle y charlar no quedar para emborracharse, o lo que sea.
Un niño será un hombre feliz si, entre sus pilares están los siguientes: cariño de los padres (un abrazo o un beso nunca sobra), respeto por las cosas ajenas, no sentir nunca lo que es la soledad hasta que no sea un adulto 100%, jugar, tener responsabilidades y cumplirlas (deberes, horarios…), saber lo que está bien y lo que está mal.
Asimismo, los padres/profesores/tutores NUNCA deben hacer lo siguiente: comparar a un niño con otro (ya sea hermano, primo o compañero), decirle que es tonto, no escucharle, tratarle como un adulto, mimarle con premios que no se los merece.
Obviamente, en la adolescencia estas bases se esconden por diversos motivos: muchos cambios –internos, externos, medios…- pero una vez pasada esta edad se ven “los frutos” que en su día cosecharon los padres.
Seamos todos felices y disfrutemos de la vida. Ayudemos, en la medida de lo posible, a quien no ha tenido la suerte de vivir una buena infancia.
Las tres “D” del verano (básicas)
Cada fin de curso, la gente experimenta la irrefrenable sensación de irse del mundanal ruido cuanto antes, escapar de la ciudad y gritar a los cuatro vientos que está de vacaciones. Es como un éxtasis anual, una pandemia que se bien-recibe.
Al principio, da un poco de pereza. Eso de hacer la maleta, llenarla de “por si acasos”, comprobar que la cámara de turno funcione; elucubrar, pensar destinos, visualizarse a sí mismo en otros escenarios… Y lo que es más importante, estudiar con quién quieres pasar esos días de asueto. Cada verano es una, dos o tres mil historias y los personajes que las protagonizan, importantes.
Os doy mi receta para pasar un verano perfecto. Sólo hay que cumplir las 3 “D”:
1.- Disfruta: de cada momento, de cada alegría y enfado, de cada mañana, atardecer y anochecer. Alégrate porque estás donde y con quien quieres estar. Solo o en compañía, haz lo que te dé la real gana. Tu único objetivo es actuar por y para tu beneficio. Deja de pensar en los demás por unos días; ellos también lo hacen y no pasa nada.
2.- Desconecta: deja de pensar en lo que dejaste atrás, en los agobios, en las desilusiones y problemas. Si es necesario, habla lo mínimo indispensable. Déjate el móvil lejos de ti. Olvídate de la tecnología. Mira las noticias muy de vez en cuando. Desinfórmate.
3.- Deléitale: con cada susurro del viento, con cada nuevo y viejo olor, con cada recuerdo que te venga a la cabeza. Es maravilloso hablar de las personas que nos dejaron pero que siguen presentes. Siéntete dichoso por cada nuevo miembro en la familia. Ahora es también parte de ti y de tus veranos.
Retoma contacto con las viejas amistades (estivales) que, no se sabe por qué, perdiste (si valen la pena). Pide perdón por cada error cometido en el pasado, justifica tus actuaciones desde el corazón.
Las vacaciones tienen un único objetivo: recordarlas. Si volvemos de ellas tristes o melancólicos es una buena señal: significará que han salido mejor de lo que imaginábamos. Por el contrario, si sólo quieres volver cuanto antes a la rutina es porque no has puesto en práctica las 3 “D”.
Al regresar hay que ser positivos: un nuevo curso espera. Lleno de sorpresas, de personas por conocer (y desconocer…), de alegrías y penas.
Para consolarnos, están los fines de semana, los puentes… Cada vez queda menos para el siguiente verano.
P.D. Haced siempre lo que os dé la gana.
¡Feliz vuelta!

