martes, 9 de octubre de 2012

Yo sólo quería un masaje...

Llevaba varios meses con dolor de espalda, con malestar. Un amigo me propuso, antes de verano, irme con él y otra amiga a un SPA, con circuito de aguas termales... Y un masaje al final.
Feliz y temerosa, lo reconozco, fui. Me cambio, me pongo mi bikini y albornoz y me dispongo a "empaparme".
Todo tiene muy buena pinta. La primera "piscina" (disculpad mi gran ignorancia) está bastante calentita. Muchos botones en las paredes... Apretemos algunos, pues. Eh... Curioso. Chorros y chorrazos golpean contra mi lechoso cuerpo. Y se meten en todos los agujeros... Vamos a la siguiente, la temperatura va bajando... Todavía sigo algo tensa y sobresaltada. Algo sospecho...
Toca el turno de las saunas. No entiendo cómo a la gente les gusta. ¡Calor absurdo e innecesario! Al menos, para mí. Mareos que no vienen a cuento. Definitivamente no me gusta asarme...
Tomamos un refrigerio. Almendras, zumo 99% concentrado... Vale, está bien.
Llega EL MOMENTO. Mis acompañantes van cada uno a un cuarto. Estoy sola en uno bastante grande. Me dicen que me quite el bañador y me ponga "esto". "Esto" es un tanga blanco de papel bastante humillante que no deja nada a la imaginación. Obediente, como siempre, me lo pongo. ¡Qué remedio!
Me tumbo en la camilla, como me había indicado la señorita. Me tumbo boca abajo. Craso error. "No, disculpa, boca arriba, como antes le había dicho". Cierto es que me hice la loca cuando me lo comunicó la primera vez... Pudorosamente, tapándome los pechos, me doy la vuelta.
Masaje facial, de pierna, de muslamen, de brazo... "¿Va usted bien al baño?", me pregunta mientras me masajea mi blanca tripa. Le agrada mi respuesta y me da la enhorabuena. Vaya, qué bien...
De repente, me baja la toalla que cubría mi tronco. Quedan al descubierto "mis niñas". Muerdo con fuerza para no reírme. No me apetece hacer más el ridículo... Las masajea, sí, masajea a "mis niñas". Cual masa de pan. Sin piedad. No sé qué pretende con tanto meneo pectoral, la verdad.
"Dese la vuelta", me dice la amiga masajista. Nuevamente, obedezco. Estoy en sus manos, nunca mejor dicho. Yo vine, repito, porque me dolía la espalda. Apenas un toqueteo por aquí, por allá. Se acabó. "Puede vestirse" y se va.
Salgo ya con mi bikini y albornoz. Una voz familiar me pregunta: "¿Te ha gustado?". Es la masajista... "Sí, me ha encantado", respondo con una asustadiza pero dulce sonrisa. Me dirijo hacia los vestuarios. La misma pregunta de la misma persona. Contesto igual. Me extraña tanta insistencia pero me figuro que es normal tanta "amabilidad".
Me encuentro con mi amiga en el vestuario. Le pregunto intrigada: "¿A ti también te han masajeado las tetas?". Me asustan sus ojos abiertos... Mala señal. "No, no me las han masajeado... ". Eh... Salimos a la calle. Le formulo la misma pregunta a mi amigo. "Cada uno teníamos un masaje contratado distinto", afirma con gran seriedad.
Durante todo este verano, a muchas de mis amigas les he preguntado: "Perdona, cuando has ido a que te hicieran un masaje, ¿te han masajeado las tetas?". Todas me han respondido con lo mismo: una sonora carcajada. A ver... Yo sólo quería un masaje...

4 comentarios:

  1. Oh querida! Vaya situación más tróspida la tuya. Pero eres afortunada, yo sueño a diario hacerle lo mismo a raquel pero ella, querida mia, se resiste tontamente...aunque ahora con la aparición de la burundanga en el mercado otro gallo cantará (risa maléfica mental)

    Un placer seguir sus pasos, querida.

    Atentamente,

    La acaparadora de su fanatismo.

    Un bissou

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  2. Oh, querida y admirada Lorerrain. Me fascina tu comentario. Aunque, no te voy a mentir, me resulta chocante. No creo q sea oportuno q sueñes con querida Raquel, es demasiado ingenua y podrías lastimarla...

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  3. Oh, querida y admirada Lorerrain. Me fascina tu comentario. Aunque, no te voy a mentir, me resulta chocante. No creo q sea oportuno q sueñes con querida Raquel, es demasiado ingenua y podrías lastimarla...

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