lunes, 22 de agosto de 2016

1# ABSURDOS PERO NECESARIOS COMO EL DENTÍFRICO

Solía escuchar con atención a cuantos iban a visitarla a su pequeña pero coqueta casa en pleno centro de la capital. Sonreía, daba consejos, ofrecía una limonada o un refresco cadudado. Su nieta treinteañera fue a verla una calurosa tarde de verano. Estaba hecha un lío: no encontraba trabajo y el tipo que le gustaba pasaba de ella como de comer mierda. La anciana cerró los ojos, se puso las manos en la cara, cogió aire y le dijo a su pequeña: 'Hija mía, respecto al empleo, vete de España y lábrate un porvenir; eres lista y trabajadora. Aunque escogiste una carrera sin ninguna salida, no te olvides de que lo hiciste por vocación y esta no da de comer pero fuiste feliz durante cinco años. En cuanto a los hombres, te diré que son egoístas por naturaleza y no conocen el significado de la palabra sacrificio y mucho menos lo ponen en práctica. Pero son un mal necesario... No vayas tras ellos y volverán a ti. Los ex siempre regresan. Ahora, márchate y déjame dormir la siesta, leñe'. La nieta cerró la puerta y acto seguido compró un billete sólo de ida Malta y borró todos los números de teléfono de los hombres que le gustaban. A los pocos meses, tres de ellos se presentaron en la isla para conquistar a quien dejaron marchar

lunes, 20 de junio de 2016

¿Qué te diría si te volviera a ver?

Lo más seguro sería que... Te he echado de menos. Mucho. Que no ha habido ni un solo día en el que no haya pensado en ti... En que los mínimos detalles me han llevado al pasado para reencontrarme contigo. Que ha habido tantas noches en las que he soñado con los dos... Pero ya no éramos los mismos. ¿Te lo puedes creer? Ni en mis sueños nos besábamos. Y eso hacía que me despertase vacía y ese día se convirtiera en eterno...
Probablemente también te diría que he aprendido a estar sola... Pero mi vida no ha sido la misma porque me faltabas tú. Así que, durante mucho tiempo, he tenido una vida a medias. Donde he tenido que aceptar una realidad en la que no estás. A quien no cuento mi día a día, mis logros o mis fracasos. No, ahora he aprendido a compartir mi vida con muchas personas que sí me quieren, me adoran, me admiran y siguen a mi lado pero no son tú.
También te diría que he mirado hacia otro lado para no saber de ti, de si alguien te estaba haciendo feliz. Eso sí que me dolería y por eso opté por vivir en una burbuja.
No he vuelto a tener pareja desde hace ya varios años y parte de culpa la tienes tú. Porque nadie eres "tú".
Te vuelvo a decir que te he echado de menos más que a ninguna otra persona en mi vida. Que tú me diste amor. Que fui feliz contigo. Que sigo esperando el reencuentro, el cruce de miradas, temblar.
Además te diría que GRACIAS. Gracias por lo que sabes y por lo que no... Que es aquello que me hiciste sentir.
Por último, quiero que seas feliz. El hombre más feliz del mundo. Pufff... Te voy a querer siempre. De eso no hay duda, mi amor.

domingo, 26 de abril de 2015

Creo en ti...

Hace semanas, me retaron a escribir sobre lo que era el amor. El amor. ¿El amor? ¡El amor! Y no me he atrevido hasta el día de hoy… Será porque he visto un vídeo en la Red que me ha impactado. Unas cinco mujeres relataban cómo habían vivido ellas sus grandes amores y cómo ahora ya no estaban con ellos. De repente… Unos, frente a otros. Con vendas en los ojos. Y se las quitaban. Algunas de ellas lloraron. Y ellos… Dos de ellas son con las que más me he identificado. Una no podía reprimir sus lágrimas al tener delante a su gran amor… Había dolor, tristeza y amargura en sus ojos. Obviamente no lo había superado. Se daban un abrazo pero ella estaba rota por dentro… La otra chica sonreía. No paraba de hacerlo: mientras describía cómo había sido la relación, su presente, el tiempo transcurrido… Y, al verle a él, le brillaban los ojos de alegría. Se fundían en un precioso abrazo, cargado de AMOR. Hasta se besaban. Ahora me identifico con la segunda mujer, la que estaba feliz de reencontrarse con su gran amor tras trece años. Supongo que si te tuviera en frente de mí, te miraría directamente a los ojos, cogería todo el aire del mundo y suspiraría… Mi querido “aire que me sobra por ti, que me faltas”.

Un amor te cambia la vida, la forma de verla, de relacionarte con los demás, hasta la manera de hablar. Ya no miras con tus ojos, sino a través de los de otra persona que te va a acompañar toda tu vida. Bueno, su recuerdo. Aunque en el camino te cruces con otras personas.

Lo bueno es que a ese gran amor siempre siempre siempre le acompañan otros amores… El amor de tus padres… Ese abrazo o esa caricia que, sin buscarla, se da. Ese pequeño gesto que te conecta con quienes te dieron la vida. Esa mirada de amor incondicional que te dice: “todo va a estar bien, yo estaré a tu lado”. Sí… Cuando el mundo decide dar un giro inesperado y que tengas un “día horrible”, su sonrisa te devuelve luz. Y todo se arregla mágicamente.

El amor de hermanos… Quienes tenemos hermanos agradecemos a la vida compartir los primeros, segundos y eternos pasos a su lado. Aprendemos al mismo tiempo o ellos son nuestros maestros. Aunque te enfades con ellos, sabes que no hay personas a las que quieras más. Si alguien dice algo malo de ellos, te recorre una rabia por dentro… No sé… Que a nadie se le ocurra tocar a tu hermano o hermana. A nadie.

Los amigos… Esa familia que eliges. Unos van… Otros se quedan. Algunos te dejan huella. De ellos también aprendes. Con cada gesto, palabra o, sobre todo, error cometido por ellos o por ti.

El amor es algo grande. Es el acompañante que va de nuestra mano por la vida. Tiene tantísimas manifestaciones que, depende de tu momento, serán de una manera u otra.
Tal vez me haya liado un poco en este texto… Pero me ocurre algo… Considero el amor como una de las cosas más importantes del mundo y no sé cómo describirlo con las palabras precisas porque, afortunadamente, no es algo exacto. Cada uno lo interpreta como quiere. Es eso… El amor es libre y camaleónico. Depende de nuestro estado de ánimo, de nuestra etapa vital, de nuestras heridas y de sus curas…


Creo en el amor. En ti, en mí y en todo. Creo que cualquier prueba que nos encontramos solo es superada si tenemos a alguien a quien dar y de quien recibir amor.


Hace poco, me dijeron que escribía con las entrañas y que enamoraba con mis gestos... Pues espero seguir haciéndolo porque no conozco otra forma de vivir.

domingo, 5 de abril de 2015

No pudo ser...

Hacía tiempo que no escribía... Hacía tiempo que no estaba inspirada. Pero parece que volvió "mi musa". Esta vez, a mi pesar.

No sé cómo llamarlo ahora: enamoramiento o ilusión. El caso es que ahora vuelvo a estar con el corazón tocado y tengo que curarlo de nuevo. Sí, aunque me hayan hecho daño, sigo creyendo en el amor. Ese extraño sentimiento que te quita y te da la vida en cuestión de minutos, horas, días...

¿Qué siento ahora? Pues algo que me resulta familiar. Me duele físicamente el pecho y se me hace un nudo en la garganta mientras mi cabeza me está boicoteando para que mis ojos no paren de derramar lágrimas. ¿Un río? O un mar... Da igual. El caso es que me duele el amor.

Conseguí tiempo atrás curar las famosas heridas, que mi corazón estuviera al 100% preparado para recibir a su nuevo inquilino. Esta vez, los cimientos eran más firmes que nunca. Sustentados en confianza en mí misma, entrega, seguridad... Y así lo hice. Volví a entregar mi corazón en bandeja de plata a un desconocido que, a las pocas horas de hablar con él, se había convertido en alguien muy especial para mí.

Era la primera vez que no me importaba ser yo misma con mis innumerables defectos y alguna que otra virtud. Fui sincera, amable, graciosa... Lo que me salía en ese momento del alma. Parecía que todo iba bien. Aunque yo, obviamente tenía mis miedos y traumas, contra los que luché y salí ganadora de todas esas pequeñas batallas de mi cabeza. 

Me siento orgullosa de mí misma, de haberme entregado, de querer hacerle feliz a la otra persona todos los días. Lo haría otra vez, sin duda. Con pequeños detalles que le mostraran que no sólo movería Roma con Santiago sino el mundo entero con tal de arrancarle una sonrisa. Una sonrisa a alguien que se había olvidado de ser feliz.

No pudo ser. Su corazón decidió no corresponder al mío. Agradezco los minutos virtuales a su lado, su voz, sus palabras pero... Hay que seguir adelante. Repito: no pudo ser. Y aunque ahora mismo no sé quién llora más: si mi corazón o mis ojos, sé que este dolor pasará, como ya ha pasado en otras ocasiones. 

También sé, a ciencia cierta, que me volveré a enamorar. Que me entregaré en cuerpo y alma a otra persona pero... ¡Joder! Ahora mismo me duele muchísimo.

Me enamoró la belleza y bondad de su persona. La cabeza no elige a quién amar, sino el corazón, que es caprichoso pero sincero. 

Si lees esto, por casualidad, déjame darte las gracias porque me he enamorado, otra vez. No lo esperaba.

viernes, 16 de enero de 2015

Época de transición

Dicen que, a lo largo de la vida, uno pasa por diferentes etapas: infantil, juvenil... Pero, cuando es "adulto" parece como si éstas se multiplicasen de una manera desmesurada.
Varias veces he comentado que, una vez que hemos cumplido con los objetivos que nos marca la sociedad (nivel de estudios, básicamente), nos encontramos ante un acantilado. El vértigo que eso nos produce es feroz. O, por lo menos, a mí me ha pasado y me sigue pasando. 
Viajero frente a un mar de nubes
Caspar David Friedrich, 1818
Creemos erróneamente que, con el título de turno colgado en la pared, está todo hecho. No, señores; esto no ha hecho más que empezar. Lo que ocurre es que ahora los caminos, hablo en plural, son muchos y muy diferentes entre sí. 
Desde que obtenemos dicho título hasta que pasan una serie de años, no somos conscientes de las muchas vías que hemos tomado; de las muchas "reconversiones" y "reciclajes" que hemos tenido que hacer. Vale, muy bien... Pero, ¿por qué nadie nos dijo cuando estábamos estudiando que podíamos padecer frustración a lo largo de nuestra vida laboral? Eso me ha pasado. Y seguro que a vosotros, también. 
Hace casi ocho años me licencié. No de una carrera de esas con "muchas salidas". No, opté por cursar una vocacional. No me quería amargar cinco años estudiando algo que no me gustaba, no me motivaba y no creo que ni sirviera para eso. Me costó un triunfo encontrar un empleo decente y... Cuál fue mi sorpresa cuando descubro que lo odiaba y que no me hacía feliz. Aunque tuviera mi sueldo a final de mes, con el que comprarme caprichos o poder salir por ahí. 
Me dieron demasiados palos; hasta yo me los di, en un ejercicio de masoquismo absurdo y reiterado... No, no me gustó nada lo que el futuro me tenía deparado. Bueno, el camino que yo solita escogí, ojo. Pero algo dentro de mí me decía: "ten paciencia, todo esfuerzo tiene su recompensa". 
Un día, en vez de seguir en mi espiral de depresión y autoengaño, decidí frenar. Sí, de manera abrupta. Hice lo que hacía tiempo no hacía: escucharme y dejar de escuchar a los demás.
Puede parecer tonto pero, mantuve un diálogo de lo más intenso con mi niña interior. Sí, ésa que siempre tiene la verdad porque mira el mundo con ojos inocentes y puros; sin artificios. 
De pequeña siempre tuve claro a lo que me quería dedicar. Clarísimo como el agua. Como he dicho antes, elegí una carrera vocacional. Pero siempre me faltaba otra pieza que encajara para poder dedicarme a lo que me gustaba al 100%.
Desde mis primeras prácticas hasta el famoso "frenazo", puse en funcionamiento solo un 50% de mis capacidades. Pensaba que con eso bastaba. Ah, claro! De allí mi frustración... Ya lo entiendo todo...
Ahora estoy en la famosa etapa de transición que consiste en tener un proyecto de vida y laboral más o menos claro pero que todavía no se puede dar porque las circunstancias no acompañan del todo. Bueno, es lo que hay. Afortunadamente y por fin, ya sé hacia dónde dirigir mis pasos. 
La verdad es que cuando hablo del tema con la gente, al final todos dicen más o menos lo mismo: "no siento todavía que haya llegado a la meta". No, no hemos logrado todos los objetivos pero es NUESTRO MOMENTO. Y lo es porque podemos replantearnos de una vez qué queremos ser y cómo hacerlo. 
Bien es verdad que muchos han optado por conformarse o por forzar las cosas con el temor de no convertirse en perdedores. Pero, los que frenan en seco o toman decisiones de lo más radicales también tienen miedo. Todos tenemos miedo a fallar. Pero, ¿a ser felices? Me aterra no ser feliz, sobre todo y ante todo; más que no encontrar el "trabajo de mi vida". 
Los 30 me hicieron reflexionar necesariamente. Estaba harta de darme cabezazos y tener mirada de burro, con un único objetivo. ¡Pamplinas! Hay que observar el mundo como un águila, desde un amplio ángulo que nos produzca vértigo y ambición. Sí, aquel que nos haga temblar y emocionarnos. 
Sí, señores, estoy en una época de transición de lo más "heavy". Y hay días que la odio con toda mi alma y otros, como hoy, que la disfruto cada segundo. Saboreo cada instante de esta inestabilidad; una inestabilidad que nos va a acompañar toda la vida y de la que hay que familiarizarnos.
A una gran amiga siempre le digo: "tu talón de Aquiles es que no paras de planificar; deja que todo fluya". Y se lo decía sin sentirlo... Hasta ahora. Puedes planificar dos o tres cosas pero no más. Y aun así las cosas saldrán de una manera diferente a la inicial. Bueno, en eso consiste el juego de la vida: en sorprendernos.
La vida es el mayor escenario que existe, improvisemos.

#ContandoPecasYPecados
@MariaPSoroa

lunes, 14 de abril de 2014

Economía Emocional

Hubo un tiempo en el que por los demás, uno se dejaba/rompía los cuernos. Sin esperar nada a cambio. "De bueno pareces tonto, hijo...", decían las voces de la experiencia... Pero tú, erre que erre, creyendo en la bondad humana. Tal vez, el karma, el universo o equis, te recompensaría todo lo que estabas haciendo por los demás sin esperar nada a cambio pero... ¿Cuando tú estabas mal, respondían al mismo nivel que tú? Eh... Déjame que lo adivine... NO. Rotundamente.

Pero todo esto tiene una explicación. Aunque no te lo creas, amigo. Al ser humano, cuando le da por ser altruista, siente en su interior una especie de bocanada de aire fresco que le hace poderoso. Sonríe, sonríe, sonríe. Hasta nota una especie de palmadita en la espalda y oye en su cabeza: "Qué genial eres, tío. No hay nadie tan bondadoso como tú". Pero... pasa lo que pasa... Cuando tocas fondo, aunque no lo quieras reconocer, esperas una oleada de apoyo y afecto. Joe, tío, te lo has currado. Qué menos, ¿no? Eh... Nuevamente, discúlpame que te corrija... La gente actúa por impulsos. Tal vez lo que ellos hacen por ti no responda a tus expectativas -muy altas, por cierto-, pero lo hacen. Es una cuestión de perspectivas, nada más.

Te aconsejaría que practicaras tu economía emocional. Creo que este término no lo ha acuñado nadie... No sé. Bueno, el caso que hoy estoy inspirada y lo he creado. ¿En qué consiste la economía emocional? En evitar situaciones y a gente que te lleven a un estado anímico incómodo o desagradable. No es ser egoísta, ojo. Simplemente es "no dar tanto como antes", "no matarse por el prójimo". También te diría que no tuvieras las expectativas muy altas, repito por segunda vez. 

La vida no consiste en trabajar por los demás y estirar la mano esperando la recompensa. No. Es mucho mejor. Es actuar desde el corazón, hacer lo que sea por la otra persona sinceramente, sin "quid pro quo" ni nada. Además, ¿para qué vas a forzarte? Por ejemplo, si no quieres quedar con alguien, no lo hagas. Vas a volver a casa peor de como saliste. ¡Economía emocional! ¿Que te quieres divertir? Pues queda con los que te hacen felices y "están" cuando y donde tienen que estar. Creo que se les llama... Ummm... Eh... Espera que no me sale la palabra... Ah! Sí: amigo de verdad.

En nuestras vidas nos cruzaremos con mucha gente. Algunos nos dejarán una huella maravillosa; otros, en cambio, nos enseñarán lo que no queremos ser. De ellos también se aprende. También están los amigos que no ves en meses o años pero que saben cómo te sientes en cada momento porque te quieren y valoran.

Una vez me dijeron que lo que vemos en los demás es nuestra propia proyección. Es decir, si consideramos a una persona buena, es que nosotros lo somos. Y al contrario, claro. No todo iba a ser un cuento de hadas.

Por si acaso no te ha quedado claro, cuida a quienes están a tu lado de verdad...

martes, 3 de septiembre de 2013

La generación del error

Nos enseñaron, desde que éramos pequeños, que todo se consigue con esfuerzo y tenacidad. Nos marcaron unos caminos: guardería, colegio, instituto, FP/universidad, trabajo.

Cada uno emprendió lo que más encajaba con ¿sus capacidades? Paradójicamente, también nos inculcaron -casi a fuego en la piel- que hay carreras universitarias que "tienen salidas", nada vocacionales, por otra parte. Y les creímos.

Cumplimos con los objetivos marcados; cada uno tardó lo que tardó, pero TODOS, repito, cumplimos.

También hicimos "extras": trabajitos para sacarnos unas pelas durante los estudios, aprendimos idiomas, conocimos otras culturas. Durante más de 20 años, nuestras trayectorias fueron casi intachables.

Obtuvimos los títulos de turno. Una vez colgados en la paredes de nuestros padres, quienes nos pagaron la educación, ¿qué? ¿Qué tocaba? Ah, sí... Buscar un empleo que se correspondiera con nuestra categoría profesional. ¿Cómo alguien que había obtenido una diplomatura o licenciatura podía trabajar de administrativo? Pues sí, amigos. Después de rompernos los cuernos currando como bestias como becarios, ganando una miseria de apenas tres cifras, íbamos con la cabeza gacha buscando trabajo. "No tienes suficiente experiencia", "Te falta aprender más idiomas", "Un master específico es requerido", nos decían. De acuerdo, volvamos al camino marcado por los demás. Regresamos con lo que se precisaba años después... Con más de 25 años de edad, nunca era suficiente para enfrentarnos con las "armas" al mundo laboral. Perdón, ¿qué mundo laboral? Nuestros perfiles dan mil y una vueltas a las personas que ahora son jefes y aun así, "nuestros currículos siguen sin ser suficientes".

Trabajamos de "lo que sea" para ganar un sueldo medio-decente. Nuestros niveles de frustración alcanzan cotas inimaginables y todavía así, seguimos luchando.

Los objetivos más importantes de este famoso camino son dos: trabajo y familia. Un empleo con contrato indefinido, o que por lo menos nos permita llegar a fin de mes. Formar una familia con la persona con la que vemos que podemos lograr tener un plan de futuro estable y que, además, de la que estemos enamorados. Visto así parece fácil. No lo es. No lo es... Por desgracia. Unos trabajan, otros optan por lo segundo... Incluso hay unos afortunados que tienen las dos cosas. Los "apestados" resultamos ser los que no tenemos ni una cosa ni la otra pero, vuelvo a decir, seguimos luchando.

Aspiramos a crear un mundo justo donde las mujeres y los hombres estén igual de valorados en el trabajo pero... los de la generación anterior siguen colocando los techos de cristal para que las mujeres no avancemos. Nos preguntan en las entrevistas si las mujeres estamos casadas/en relación... ¿Por curiosidad? No. Por si pensamos quedarnos embarazadas. Algunas calculan el año exacto para ser madre: "cuando consiga un contrato indefinido y me pueda coger una buena maternidad". Vemos cómo compañeras nuestras prefieren quedarse en sus casas y no ejercer NUNCA. Otras, trabajan horas extras para ganar más dinero y contratar a la "chica/babysiter" que más tiempo esté con los hijos que apenas ve.

Acudimos a cursos variopintos: unos de pago y otros de INEM; todo sea para que nuestro CV, engordado con lo que sea, pueda, de una puñetera vez, ser suficiente para que trabajemos de lo que hemos estudiado. ¿Que no resulta? Tranquilos, señores, nos "RECICLAMOS", término que está muy de moda y que, nunca se sabe, puede ayudarnos a sentirnos realizados o... ¿por qué no? A encontrar otro empleo. Luchamos, como siempre.

Como dice una gran amiga: "cuando tocas fondo sólo toca salir". Creednos que tocamos fondo mil y una vez. Y salimos otras tantas. 

Si alguna vez cometimos un error o millones, fue el de no darnos cuenta de que, cuando cumplimos con las metas que nos marcaron nuestras familias y la sociedad, nos toca idear las nuestras. Hay que procurar que éstas sean: cuantificables, medibles y tangibles. Estamos aterrados porque nadie nos guía. ¿Y? ERRARE HUMANUM EST.