domingo, 5 de abril de 2015
No pudo ser...
No sé cómo llamarlo ahora: enamoramiento o ilusión. El caso es que ahora vuelvo a estar con el corazón tocado y tengo que curarlo de nuevo. Sí, aunque me hayan hecho daño, sigo creyendo en el amor. Ese extraño sentimiento que te quita y te da la vida en cuestión de minutos, horas, días...
¿Qué siento ahora? Pues algo que me resulta familiar. Me duele físicamente el pecho y se me hace un nudo en la garganta mientras mi cabeza me está boicoteando para que mis ojos no paren de derramar lágrimas. ¿Un río? O un mar... Da igual. El caso es que me duele el amor.
Conseguí tiempo atrás curar las famosas heridas, que mi corazón estuviera al 100% preparado para recibir a su nuevo inquilino. Esta vez, los cimientos eran más firmes que nunca. Sustentados en confianza en mí misma, entrega, seguridad... Y así lo hice. Volví a entregar mi corazón en bandeja de plata a un desconocido que, a las pocas horas de hablar con él, se había convertido en alguien muy especial para mí.
Era la primera vez que no me importaba ser yo misma con mis innumerables defectos y alguna que otra virtud. Fui sincera, amable, graciosa... Lo que me salía en ese momento del alma. Parecía que todo iba bien. Aunque yo, obviamente tenía mis miedos y traumas, contra los que luché y salí ganadora de todas esas pequeñas batallas de mi cabeza.
Me siento orgullosa de mí misma, de haberme entregado, de querer hacerle feliz a la otra persona todos los días. Lo haría otra vez, sin duda. Con pequeños detalles que le mostraran que no sólo movería Roma con Santiago sino el mundo entero con tal de arrancarle una sonrisa. Una sonrisa a alguien que se había olvidado de ser feliz.
No pudo ser. Su corazón decidió no corresponder al mío. Agradezco los minutos virtuales a su lado, su voz, sus palabras pero... Hay que seguir adelante. Repito: no pudo ser. Y aunque ahora mismo no sé quién llora más: si mi corazón o mis ojos, sé que este dolor pasará, como ya ha pasado en otras ocasiones.
También sé, a ciencia cierta, que me volveré a enamorar. Que me entregaré en cuerpo y alma a otra persona pero... ¡Joder! Ahora mismo me duele muchísimo.
Me enamoró la belleza y bondad de su persona. La cabeza no elige a quién amar, sino el corazón, que es caprichoso pero sincero.
Si lees esto, por casualidad, déjame darte las gracias porque me he enamorado, otra vez. No lo esperaba.
viernes, 16 de enero de 2015
Época de transición
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| Viajero frente a un mar de nubes Caspar David Friedrich, 1818 |
lunes, 14 de abril de 2014
Economía Emocional
martes, 3 de septiembre de 2013
La generación del error
viernes, 26 de julio de 2013
Perdonad@
Aprendí a perdonar en el momento en que los recuerdos dejaron de hacerme daño.
Aprendí a perdonar en cuanto reuní fuerzas para enfrentarme con mi pasado y ser consciente de que se vive el presente... Y, a veces, el futuro. Pero, sobre todo, lo primero.
Aprendí a perdonar cuando descubrí que mis heridas habían cicatrizado. Por fin.
Aprendí a perdonar cuando conocí a gente que llenó el vacío dejado por otras personas que sólo estaban de paso en mi corazón. Aunque pensaba lo contrario.
Aprendí a perdonar cuando dejé de ser la víctima. Hubo un intercambio de papeles. Yo también puedo hacer daño. Y todo el mundo.
Aprendí a perdonar cuando le di valor a las cosas que realmente lo merecen.
Aprendí a perdonar gracias a cada abrazo y palabra de cariño que recibí sin esperarlo.
Aprendí a perdonar cuando me arrancaron una sonrisa. Cuando me sonrojaron por una bonita palabra.
Aprendí a perdonar cuando sentí alivio y paz en mi interior. Ese interior que machaca porque uno quiere que suceda. Inexplicablemente.
Aprendí a perdonar cuando supe que todos valoramos de diferentes maneras lo que decimos.
Aprendí a perdonar cuando las palabras adquirieron un significado diferente y puro. Original y sincero.
Aprendí a perdonar porque... No vale la pena torturarse por nimiedades del día a día.
Aprendí a perdonar cuando los suspiros me dejaban sin aire pero con más espacio para llenar de cosas felices.
Aprendí a perdonar gracias a los golpes certeros recibidos.
Aprendí a perdonar... Porque es lo que me hace feliz.
miércoles, 24 de julio de 2013
Cobarde tozudo
Me dijiste que me olvidara de ti. No tuviste en cuenta que yo soy quien convive con tus recuerdos todos los días. Pusiste tierra de por medio para huir de algo que te viene grande: una historia de amor. ¿En serio que no vas a luchar? ¿Ni lo más mínimo? Eres consciente de que ahora aparentas ser el fuerte porque, por primera vez, me ves frágil. Como nunca antes. Disculpa que me haya quitado la máscara; que hay mostrado que también toco fondo, como todo el mundo.
Insistes en que en un futuro... quién sabe... nos reencontremos. ¿Para qué? Para recordar aquello que nos unió y desunió... Si los astros o el destino hacen de las suyas, como ya nos ha pasado, por favor, guíate por el corazón y no por la cabeza. Ni tú ni yo somos seres racionales, sino viscerales.
Nos queremos, sabemos cuándo el otro está mal. Además, nos necesitamos... Necesitamos saber que el otro es feliz.
Tuvimos un pasado. Bueno, dos. El de nuestra relación y el de la "ruptura". ¿Con cuál te quedas? Da igual tu respuesta porque no me vas a decir lo que quiero oír: "Quiero un futuro a tu lado". Basta ya de cargar con fantasmas del ayer.
Te obcecas en que no vamos a estar juntos. Vale. Como quieras. Pero, ¿qué ves cuando me miras a los ojos? ¿No sientes que el mundo está bien cuando nos tenemos en frente uno del otro? El tiempo se para y sólo existimos tú y yo. Piensa en lo que te estoy diciendo. Piénsalo bien.
No me tengas como un recuerdo, sino como un presente, mi amado cobarde.
Te arrepentirás por no haber luchado con uñas y dientes, como ambos deberíamos pero... Repito, espero que me perdones que no lo haga ahora porque me faltan fuerzas y mi máxima prioridad soy yo misma.
Existe una canción... "Si yo te quiero y tú me quieres, entonces, por qué no estar juntos".
¿Cuándo comienza la batalla por nuestra historia? Me estoy haciendo con el armamento. Dame tiempo. A ver qué estarás haciendo tú...
IRLU
