Duele. Duele haberte dicho adiós... Tantas veces. Pero aún duele más saber que no eres para mí.
Resulta paradójico cómo la gente, al terminar una relación, lo primero que quiere hacer es "pasar página". No, no se puede hacer tan rápido como queremos. Necesitamos pasar nuestro duelo. Llorar, limpiar el alma... Curarse el corazón. Un corazón que no fue desgarrado como la primera vez sino que ha sido lastimado con heridas finas, como cuando uno se corta con una hoja de papel. Escuece. Es una pequeña herida profunda que, de vez en cuando, tira. Tampoco se sabe cuándo se cura... Pero se cura.
Nunca pensé que un segundo amor doliera tanto. El alma queda vacía. La persona vaga sin rumbo por su cotidianidad... No porque te hayas enamorado antes te libras de esta situación tan extrañamente familiar.
No quise estar un año entero llorando por ti, como hice con mi primera relación. Prefería tener la cabeza ocupada y el tiempo mínimo para pensar. Sabía que si tenía un minuto libre tú aparecerías en mi mente para recordarme que aún me quieres. Ése fue mi error. Debí llorar lo que mi corazón me exigía. Debí hablar conmigo misma y aclarar mis sentimientos, no dejarlos a un lado.
A día de hoy, sé que es el momento de despedirme de ti. "Se acabó", como me dijo una amiga. Esta historia no va ni para delante ni para atrás. Tengo que "rehacer mi vida", como me insististe... Así lo haré. Pero... Sé que volverás. En algún momento de mi vida, sé que regresarás. Nos reencontraremos dos personas completamente diferentes... Y heridas. No te voy a perdonar porque no me hiciste ningún mal. Simplemente fuimos dos personas que no supimos medir nuestro amor. Tú me quisiste y yo, a ti. Cometimos errores. En las relaciones de dos, las culpas son al 50%.
Nunca leerás estas líneas, ¿o sí? Qué importa. Sólo quiero tener en paz mi pobre corazón al que tengo que cuidar y mimar. Lo curaré.
Gracias por haberme hecho sentir querida y por dejarme darte mi amor.
No eres el hombre de mi vida. Ni yo, la mujer de la tuya. Es así de sencillo y sincero.
Adiós...


