Salí esa noche con la idea de que no iba a ligar, por lo que me relajé y me divertí bastante. Cuál fue mi sorpresa cuando un chico, aparentemente "normal" (con todo lo que la palabra conlleva) se acercó a mí y empezamos a hablar. Vestía como un choni, hablaba como un choni y hasta se movía como un choni pero pensé que por qué no iba a darle una oportunidad. Era guapete. Y nos liamos.
A las 27 horas me escribió. Muy cariñoso y agradable. Me vino a decir que empezásemos a salir. En plan novios, claro. Me sorprendió pero nuevamente me dije: "¿Por qué no?". Toda esa primera semana fue genial. Quedamos, fuimos al Retiro. Vamos, lo típico. La segunda semana quiso "asegurarse" de que yo era su novia reclamándome más atención. Es decir, que quedase más con él y menos con mis amigas de toda la vida. Al ver que yo no accedí, se puso nerviosito el niño. Me hablaba de nuestro futuro juntos... De nuestra casa... De nuestros... ¿hijos?
En menos de un mes casi quería que nos casáramos. ¿Para qué? ¿Para compartir hipoteca? Obviamente puse el freno. El de mano y el pedal. Iba demasiado rápido... A los dos meses, cambió su foto de perfil de Whastapp y aparecía con su nueva víctima. ¡Digo! Novia... A estas alturas de la peli ya estarán esperando el segundo retoño y pagando las letras del piso.