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sábado, 17 de abril de 2010

Mi amiga la monjita


Una vez me dijeron que tengo un abanico de amistades de lo más amplio y diverso. El 90% ideológicamente y de tendencia sexual completamente diferente a mí. Mi amiga con más edad tiene 84 añitos y es religiosa. La madre Ana María. La conocí en el colegio, en el penúltimo curso. Impartía -ya está más que jubilada aunque dejó de enseñar hace un lustro- la asignatura de Comunicación Audiovisual. Básicamente veíamos películas y después le entregábamos el trabajito de turno. Títulos como: Casablanca, Eva al desnudo, Love Story, Doctor Zhivago... se covirtieron, gracias a ella, en mis filmes favoritos e indispensables para entender el mundo cinematográfico y también, la Historia de la Humanidad.


Hasta ese año, 2001, ningún profesor me había dicho a qué me podía dedicar. Era una alumna más. Al terminar una de sus clases, mi querida Ana María se acercó a mí y me dijo: "Tú tienes que estudiar Comunicación Audiovisual, hazme caso". En ese momento, tenía un poco de prisa porque iba de camino a otra clase. No le contesté. Pero ese día me quedé pensando en lo que me había dicho.


Cuando traía su cámara de fotos, una maravillosa Reflex, a la única alumna a la que le dejaba manejarla era a mí. La nota más alta me la dio también a mí.


Ya en 2º de bachillerato -año de lo más estresante, por cierto- hicimos la selectividad. Mis compañeros sabían más o menos qué iban a hacer. Yo lo tenía medio claro. En mayo, al rellenar mi matrícula para la universidad -privada, la nota media no me iba a dar y afortunádamente mi padre era profesor allí- puse en mayúsculas en la casilla de licenciatura: COMUNICACIÓN AUDIOVISUAL. Reconozco que dudé entre ésa y Periodismo. Carreras 'primas-hermanas' como yo digo. Pero al final, hice caso a Ana María.


Ana María es una religiosa muy adelantada a su tiempo, con un hambre voraz por lo nuevo, lo diferente. Su padre, farmacéutico de profesión, le obligó a estudiar lo mismo que él. Y así lo hizo. Con notas muy altas. Ya de mayorcita, una vez emprendido el camino de la Religión, cumplió otro sueño, licenciarse en una nueva carrera llamada Comunicación Audiovisual.


En el enorme colegio donde se ordenó, Jesús-María, en la calle Juan Bravo 13 de Madrid, tiene un aula enorme con miles y miles de cintas beta, VHS, DVD... Ahora tiene un disco duro externo con 4.000 películas piratas. También tiene muchas cámaras y videocámaras increíbles, todas, regalos de sus hermanos.


Una vez que empecé la carrera, no quise perder el contacto con ella y una o dos veces al año la iba a visitar. Le contaba cosas que ni a mi madre. Para todos aquellos que meten a los curas y monjas en el mismo caso, que abran más los ojos y sean de verdad tolerantes. Me sorprende cómo la gente presume de ser algo que ni de lejos es. Mi primera desilusión amorosa, mis primeras prácticas, mis sueños... Todo eso le contaba.


Ahora, y para variar, lo sigo haciendo. Todos los 1 de marzo le dejo un regalo por su cumpleaños en la portería de nuestro colegio. Y ella hace lo mismo, dieciséis días después por lo mismo. Tenemos unas charlas de lo más divertidas: política, antiguos alumnos, moda... Yo le suelo decir que es una 'monja pija'. A ella le encanta oírlo. "Ahora se lleva mucho eso. Vas monísima. Mira qué blusa me regaló mi cuñada, es de una diseñadora italiana", me cuenta.


En la congregación hay tensión entre las monjas nacidas en Madrid y las de provincias. Ana María se lleva regular con ellas. Dice que son malas. "Porque te tienen envidia", le digo. "¿A que sí?", me responde. Y nos partimos de la risa.


Tiene insomnio y duerme como cuatro horas diarias. Además, se lee tres periódicos y se mete en blogs políticos. Da igual de lo que hables que ella conocerá el tema a fondo. Aunque tiene que tener cuidado, ya que padece del corazón.


El otro día que la fui a ver estaba, como siempre, en la sala de ordenadores y en su PC tenía, como fondo de pantalla, una foto de ella con hábito rodeada de sus sobrinos en la casa familiar que tienen en un pueblecito de Córdoba. "Nunca te he visto así vestida", le dije. LLeva moño a lo Grace Kelly, falda de tubo, blusa y chaqueta, normalmente de colores tierra. Si la ves por la calle no piensas que sea monja. Es muy graciosa, ocurrente, moderna, con la mente muy abierta.


Las amistades se eligen pero cuanto más diferentes a ti, mejor; ya que es una forma de tener otra perspectiva en la vida.