lunes, 14 de abril de 2014

Economía Emocional

Hubo un tiempo en el que por los demás, uno se dejaba/rompía los cuernos. Sin esperar nada a cambio. "De bueno pareces tonto, hijo...", decían las voces de la experiencia... Pero tú, erre que erre, creyendo en la bondad humana. Tal vez, el karma, el universo o equis, te recompensaría todo lo que estabas haciendo por los demás sin esperar nada a cambio pero... ¿Cuando tú estabas mal, respondían al mismo nivel que tú? Eh... Déjame que lo adivine... NO. Rotundamente.

Pero todo esto tiene una explicación. Aunque no te lo creas, amigo. Al ser humano, cuando le da por ser altruista, siente en su interior una especie de bocanada de aire fresco que le hace poderoso. Sonríe, sonríe, sonríe. Hasta nota una especie de palmadita en la espalda y oye en su cabeza: "Qué genial eres, tío. No hay nadie tan bondadoso como tú". Pero... pasa lo que pasa... Cuando tocas fondo, aunque no lo quieras reconocer, esperas una oleada de apoyo y afecto. Joe, tío, te lo has currado. Qué menos, ¿no? Eh... Nuevamente, discúlpame que te corrija... La gente actúa por impulsos. Tal vez lo que ellos hacen por ti no responda a tus expectativas -muy altas, por cierto-, pero lo hacen. Es una cuestión de perspectivas, nada más.

Te aconsejaría que practicaras tu economía emocional. Creo que este término no lo ha acuñado nadie... No sé. Bueno, el caso que hoy estoy inspirada y lo he creado. ¿En qué consiste la economía emocional? En evitar situaciones y a gente que te lleven a un estado anímico incómodo o desagradable. No es ser egoísta, ojo. Simplemente es "no dar tanto como antes", "no matarse por el prójimo". También te diría que no tuvieras las expectativas muy altas, repito por segunda vez. 

La vida no consiste en trabajar por los demás y estirar la mano esperando la recompensa. No. Es mucho mejor. Es actuar desde el corazón, hacer lo que sea por la otra persona sinceramente, sin "quid pro quo" ni nada. Además, ¿para qué vas a forzarte? Por ejemplo, si no quieres quedar con alguien, no lo hagas. Vas a volver a casa peor de como saliste. ¡Economía emocional! ¿Que te quieres divertir? Pues queda con los que te hacen felices y "están" cuando y donde tienen que estar. Creo que se les llama... Ummm... Eh... Espera que no me sale la palabra... Ah! Sí: amigo de verdad.

En nuestras vidas nos cruzaremos con mucha gente. Algunos nos dejarán una huella maravillosa; otros, en cambio, nos enseñarán lo que no queremos ser. De ellos también se aprende. También están los amigos que no ves en meses o años pero que saben cómo te sientes en cada momento porque te quieren y valoran.

Una vez me dijeron que lo que vemos en los demás es nuestra propia proyección. Es decir, si consideramos a una persona buena, es que nosotros lo somos. Y al contrario, claro. No todo iba a ser un cuento de hadas.

Por si acaso no te ha quedado claro, cuida a quienes están a tu lado de verdad...

martes, 3 de septiembre de 2013

La generación del error

Nos enseñaron, desde que éramos pequeños, que todo se consigue con esfuerzo y tenacidad. Nos marcaron unos caminos: guardería, colegio, instituto, FP/universidad, trabajo.

Cada uno emprendió lo que más encajaba con ¿sus capacidades? Paradójicamente, también nos inculcaron -casi a fuego en la piel- que hay carreras universitarias que "tienen salidas", nada vocacionales, por otra parte. Y les creímos.

Cumplimos con los objetivos marcados; cada uno tardó lo que tardó, pero TODOS, repito, cumplimos.

También hicimos "extras": trabajitos para sacarnos unas pelas durante los estudios, aprendimos idiomas, conocimos otras culturas. Durante más de 20 años, nuestras trayectorias fueron casi intachables.

Obtuvimos los títulos de turno. Una vez colgados en la paredes de nuestros padres, quienes nos pagaron la educación, ¿qué? ¿Qué tocaba? Ah, sí... Buscar un empleo que se correspondiera con nuestra categoría profesional. ¿Cómo alguien que había obtenido una diplomatura o licenciatura podía trabajar de administrativo? Pues sí, amigos. Después de rompernos los cuernos currando como bestias como becarios, ganando una miseria de apenas tres cifras, íbamos con la cabeza gacha buscando trabajo. "No tienes suficiente experiencia", "Te falta aprender más idiomas", "Un master específico es requerido", nos decían. De acuerdo, volvamos al camino marcado por los demás. Regresamos con lo que se precisaba años después... Con más de 25 años de edad, nunca era suficiente para enfrentarnos con las "armas" al mundo laboral. Perdón, ¿qué mundo laboral? Nuestros perfiles dan mil y una vueltas a las personas que ahora son jefes y aun así, "nuestros currículos siguen sin ser suficientes".

Trabajamos de "lo que sea" para ganar un sueldo medio-decente. Nuestros niveles de frustración alcanzan cotas inimaginables y todavía así, seguimos luchando.

Los objetivos más importantes de este famoso camino son dos: trabajo y familia. Un empleo con contrato indefinido, o que por lo menos nos permita llegar a fin de mes. Formar una familia con la persona con la que vemos que podemos lograr tener un plan de futuro estable y que, además, de la que estemos enamorados. Visto así parece fácil. No lo es. No lo es... Por desgracia. Unos trabajan, otros optan por lo segundo... Incluso hay unos afortunados que tienen las dos cosas. Los "apestados" resultamos ser los que no tenemos ni una cosa ni la otra pero, vuelvo a decir, seguimos luchando.

Aspiramos a crear un mundo justo donde las mujeres y los hombres estén igual de valorados en el trabajo pero... los de la generación anterior siguen colocando los techos de cristal para que las mujeres no avancemos. Nos preguntan en las entrevistas si las mujeres estamos casadas/en relación... ¿Por curiosidad? No. Por si pensamos quedarnos embarazadas. Algunas calculan el año exacto para ser madre: "cuando consiga un contrato indefinido y me pueda coger una buena maternidad". Vemos cómo compañeras nuestras prefieren quedarse en sus casas y no ejercer NUNCA. Otras, trabajan horas extras para ganar más dinero y contratar a la "chica/babysiter" que más tiempo esté con los hijos que apenas ve.

Acudimos a cursos variopintos: unos de pago y otros de INEM; todo sea para que nuestro CV, engordado con lo que sea, pueda, de una puñetera vez, ser suficiente para que trabajemos de lo que hemos estudiado. ¿Que no resulta? Tranquilos, señores, nos "RECICLAMOS", término que está muy de moda y que, nunca se sabe, puede ayudarnos a sentirnos realizados o... ¿por qué no? A encontrar otro empleo. Luchamos, como siempre.

Como dice una gran amiga: "cuando tocas fondo sólo toca salir". Creednos que tocamos fondo mil y una vez. Y salimos otras tantas. 

Si alguna vez cometimos un error o millones, fue el de no darnos cuenta de que, cuando cumplimos con las metas que nos marcaron nuestras familias y la sociedad, nos toca idear las nuestras. Hay que procurar que éstas sean: cuantificables, medibles y tangibles. Estamos aterrados porque nadie nos guía. ¿Y? ERRARE HUMANUM EST.

viernes, 26 de julio de 2013

Perdonad@

Aprendí a perdonar en el momento en que los recuerdos dejaron de hacerme daño.
Aprendí a perdonar en cuanto reuní fuerzas para enfrentarme con mi pasado y ser consciente de que se vive el presente... Y, a veces, el futuro. Pero, sobre todo, lo primero.
Aprendí a perdonar cuando descubrí que mis heridas habían cicatrizado. Por fin.
Aprendí a perdonar cuando conocí a gente que llenó el vacío dejado por otras personas que sólo estaban de paso en mi corazón. Aunque pensaba lo contrario.
Aprendí a perdonar cuando dejé de ser la víctima. Hubo un intercambio de papeles. Yo también puedo hacer daño. Y todo el mundo.
Aprendí a perdonar cuando le di valor a las cosas que realmente lo merecen.
Aprendí a perdonar gracias a cada abrazo y palabra de cariño que recibí sin esperarlo.
Aprendí a perdonar cuando me arrancaron una sonrisa. Cuando me sonrojaron por una bonita palabra.
Aprendí a perdonar cuando sentí alivio y paz en mi interior. Ese interior que machaca porque uno quiere que suceda. Inexplicablemente.
Aprendí a perdonar cuando supe que todos valoramos de diferentes maneras lo que decimos.
Aprendí a perdonar cuando las palabras adquirieron un significado diferente y puro. Original y sincero.
Aprendí a perdonar porque... No vale la pena torturarse por nimiedades del día a día.
Aprendí a perdonar cuando los suspiros me dejaban sin aire pero con más espacio para llenar de cosas felices.
Aprendí a perdonar gracias a los golpes certeros recibidos.
Aprendí a perdonar... Porque es lo que me hace feliz.

miércoles, 24 de julio de 2013

Cobarde tozudo

Me dijiste que me olvidara de ti. No tuviste en cuenta que yo soy quien convive con tus recuerdos todos los días. Pusiste tierra de por medio para huir de algo que te viene grande: una historia de amor. ¿En serio que no vas a luchar? ¿Ni lo más mínimo?  Eres consciente de que ahora aparentas ser el fuerte porque, por primera vez, me ves frágil.  Como nunca antes. Disculpa que me haya quitado la máscara;  que hay mostrado que también toco fondo, como todo el mundo.
Insistes en que en un futuro... quién sabe... nos reencontremos. ¿Para qué?  Para recordar aquello que nos unió y desunió... Si los astros o el destino hacen de las suyas, como ya nos ha pasado, por favor,  guíate por el corazón y no por la cabeza.  Ni tú ni yo somos seres racionales,  sino viscerales.
Nos queremos, sabemos cuándo el otro está mal. Además, nos necesitamos... Necesitamos saber que el otro es feliz.
Tuvimos un pasado. Bueno, dos. El de nuestra relación y el de la "ruptura". ¿Con cuál te quedas? Da igual tu respuesta porque no me vas a decir lo que quiero oír: "Quiero un futuro a tu lado". Basta ya de cargar con fantasmas del ayer.
Te obcecas en que no vamos a estar juntos. Vale. Como quieras. Pero, ¿qué ves cuando me miras a los ojos? ¿No sientes que el mundo está bien cuando nos tenemos en frente uno del otro? El tiempo se para y sólo existimos tú y yo. Piensa en lo que te estoy diciendo. Piénsalo bien.
No me tengas como un recuerdo, sino como un presente, mi amado cobarde.
Te arrepentirás por no haber luchado con uñas y dientes,  como ambos deberíamos pero... Repito, espero que me perdones que no lo haga ahora porque me faltan fuerzas y mi máxima prioridad soy yo misma.
Existe una canción... "Si yo te quiero y tú me quieres, entonces,  por qué no estar juntos".
¿Cuándo comienza la batalla por nuestra historia? Me estoy haciendo con el armamento. Dame tiempo.  A ver qué estarás haciendo tú...
IRLU

domingo, 12 de mayo de 2013

Carta de amor a un desconocido

No sé cómo te llamas, ni me atrevo a decir el color exacto de tus ojos. ¿Y tu pelo? ¿Moreno? ¿Rubio? ¿Tal vez, castaño? Ay...

Estoy enamorada de ti. Nunca me había pasado esto. De una manera pasional e irracional, como las cosas maravillosas de la vida, te quiero con todo mi ser.

Llámame loca, si quieres, pero siempre he sentido esto por ti: amor. Amor del bueno, el generoso que no espera nada a cambio. Ese amor que se basa en una confianza ciega, en ser compañeros de viaje. Sí, esa clase de amor que nos llena y nos da motivos más que suficientes para levantarnos cada mañana y estar dispuestos a luchar con o sin armas.

No sé... cómo llegarás a mi vida ni dónde nos encontraremos por primera vez; pero sí sé que será inolvidable. Nos emocionaremos ambos cuando les contemos a nuestros nietos la primera vez que nuestras miradas se cruzaron. Suspiraremos cada vez que estemos separados... Pensaremos el uno en el otro y nos alegraremos de que compartamos nuestras vidas.

Seremos cómplices, crearemos un lenguaje propio que sólo entenderemos nosotros. Cada vez que me acaricies, sentiré billones de mariposas. Por cada dulce beso que te dé, querrás veinte más. 

Formaremos una familia en un hogar donde se respire en cada rincón amor. Sí, mi querido desconocido. Viviremos un sueño hecho realidad. Soy una enamorada del amor y una gran convencida de que lo que uno desea con todo su corazón se cumple. 

Me cuidarás y yo, a ti. Seremos un equipo y nos apoyaremos mutuamente. Sí, ya verás que sí, amor. No temamos nada.

La aventura comenzará en el preciso instante en que me digas, únicamente, tu nombre... ¿Estás preparado? Va a ser maravilloso, mi amado desconocido.

domingo, 21 de abril de 2013

No está bien

No está bien. No está bien que siga pensando en ti y en los momentos que vivimos juntos. No está bien que mis ojos no se hayan secado por tanta lágrima derramada... por ti. No está bien. No está bien que tus labios sigan tatuados en los míos. No está bien que tu voz siga retumbando en mi cabeza y que me diga que me echas de menos. No. No está bien. No está bien que la herida de mi corazón siga sangrando y no cicatrice. No está bien. No está bien que sigan pasando los días, las semanas y los meses y que sigas presente en mi vida. No está bien que cada pequeña cosa me recuerde a ti. No está bien. No está bien que tu olor siga en mí... No está bien que aunque estés lejos te siento muy cerca. No. Sigue sin estar bien que no consiga pasar de página. No. No está bien que te intente olvidar y se me haga un mundo el conseguirlo. No está bien... No está bien que te siga queriendo... Y tú, a mí porque así lo siento. Sí, te siento. No está bien, mi amor, que ya no te pueda llamar así y me invada la rabia por pensar en por qué hiciste lo que hiciste. ¿Por qué lo pasó lo que pasó? Dame una respuesta porque no puedo más. Sé que tú también me oyes y no está bien que no me contestes. No está bien... No

viernes, 22 de marzo de 2013

Adiós...

Duele. Duele haberte dicho adiós... Tantas veces. Pero aún duele más saber que no eres para mí. 

Resulta paradójico cómo la gente, al terminar una relación, lo primero que quiere hacer es "pasar página". No, no se puede hacer tan rápido como queremos. Necesitamos pasar nuestro duelo. Llorar, limpiar el alma... Curarse el corazón. Un corazón que no fue desgarrado como la primera vez sino que ha sido lastimado con heridas finas, como cuando uno se corta con una hoja de papel. Escuece. Es una pequeña herida profunda que, de vez en cuando, tira. Tampoco se sabe cuándo se cura... Pero se cura.

Nunca pensé que un segundo amor doliera tanto. El alma queda vacía. La persona vaga sin rumbo por su cotidianidad... No porque te hayas enamorado antes te libras de esta situación tan extrañamente familiar.

No quise estar un año entero llorando por ti, como hice con mi primera relación. Prefería tener la cabeza ocupada y el tiempo mínimo para pensar. Sabía que si tenía un minuto libre tú aparecerías en mi mente para recordarme que aún me quieres. Ése fue mi error. Debí llorar lo que mi corazón me exigía. Debí hablar conmigo misma y aclarar mis sentimientos, no dejarlos a un lado. 

A día de hoy, sé que es el momento de despedirme de ti. "Se acabó", como me dijo una amiga. Esta historia no va ni para delante ni para atrás. Tengo que "rehacer mi vida", como me insististe... Así lo haré. Pero... Sé que volverás. En algún momento de mi vida, sé que regresarás. Nos reencontraremos dos personas completamente diferentes... Y heridas. No te voy a perdonar porque no me hiciste ningún mal. Simplemente fuimos dos personas que no supimos medir nuestro amor. Tú me quisiste y yo, a ti. Cometimos errores. En las relaciones de dos, las culpas son al 50%.

Nunca leerás estas líneas, ¿o sí? Qué importa. Sólo quiero tener en paz mi pobre corazón al que tengo que cuidar y mimar. Lo curaré.

Gracias por haberme hecho sentir querida y por dejarme darte mi amor. 

No eres el hombre de mi vida. Ni yo, la mujer de la tuya. Es así de sencillo y sincero.

Adiós...